No sé lo que es una democracia, Hulio

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3 argumentos habitualmente esgrimidos por los nacionalistas catalanes

 

1. Si una ley es injusta, se puede saltar.

Ada Colau dijo que “no acataría una ley que considerase injusta”, y aquel acto de “noble rebeldía” fue aplaudido por muchos, a pesar de ser lo más totalitarista que puede decir un líder político. Son muchas las ideas totalitarias que subyace en esa simple frase de siete palabras;

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Por una parte dice que puede saltarse la ley. Que es legítimo. No especifica si transgredir leyes es algo que sólo puede hacer ella o si lo podemos hacer todos. Cualquiera de las dos opciones son malas. Si es sólo ella la que puede saltarse la ley, o si sólo se puede saltar la ley que ella diga, significaría que la ley nos somete a todos excepto a Colau. Es decir; que Colau está por encima de la ley. En cambio, si todos podemos saltarnos la ley que consideremos injustas, ¿no viviríamos en una sociedad sin leyes, con todo lo que ello implica?

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Porque aquí hay otra cuestión que revela el totalitarismo subyacente en la afirmación de Colau. Supongo que, con saltarse la ley, se refiere sólo a las “injustas”. Ahora bien, ¿injustas a criterio de quién? ¿Quién será el que decida qué ley es injusta y cuál no? ¿Quién decide qué ley no se puede saltar porque es justa y ahí sí merece castigo? Lo justo o injusto son conceptos en gran medida subjetivos. Sí, podemos establecer un consenso general acerca de que matar, robar o violar está mal, pero más allá de lo que es “sentido común” la cosa se complica. Por ejemplo, yo como liberal considero injustas las leyes fiscales que se apropian de la mitad de la riqueza que producimos para sostener un Estado del Bienestar en el que no creo; ¿podría saltármelas, al considerarlas injustas? Por supuesto que no. Es más, si Colau aprueba una ley, ¿puedo decidir no cumplirla, de la misma manera que ella incumple o amenaza con incumplir otras? Claro que no, si lo hiciera, ella haría caer sobre mí todo el peso de la ley.

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Por tanto, la ley no puede saltarse, y los tribunales no pueden ser desafiados largamente sin que existan consecuencias. Uno puede estar en desacuerdo con una o varias leyes, pero no tiene derecho a saltárselas. Si consideras que una ley es injusta, luche (dentro de la propia legalidad) para cambiarla.

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2. Prohibir urnas es prohibir la democracia.

El error (y el peligro) de asociar la palabra “democracia” con votar es que, si esto fuera así, no debería existir límite alguno sobre lo que puede consultarse en referéndum vinculante, porque, de lo contrario, sería como decir que estamos poniendo “límites a la democracia”. A poco que tengamos un mínimo sentido común, veríamos aberrante que se pueda consultar en reférendum el arrebatar a un individuo, o grupo de ellos, derechos básicos. ¿Imagínais un reférendum en el que se proponga esclavizar a los negros o expulsar a los gitanos del país?

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Por eso mismo, la democracia no es votar. O no es sólo votar. La democracia va mucho más allás; la democracia es la defensa de los derechos del individuo, sin que ningún otro individuo, por poderoso que sea, o grupo, por numeroso, organizado y activo que sea, pueda arrebatarlos. Democracia es también una ley que someta e iguale moralmente a todos, y un poder que esté dividido, reducido y constantemente vigilado. Votar es sólo una parte (importante) de la democracia, y no necesariamente la más importante.

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3. Los presos políticos sólo seguían el mandato del “pueblo”.

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“Puigdemont prometió llevar a cabo el referéndum de independencia y ganó las elecciones, ergo, llevar a cabo el referéndum es el mandato del pueblo”. Es una de las frases más cacareadas por el independentismo. Sin embargo, falla en algo ensencial que ya hemos visto en el argumento anterior; los límites de lo que ellos entienden por “democracia”.

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El ejemplo de Matteo Salvini resulta muy esclarecedor. El polémico y xenófobo líder político prometió en campaña que realizaría un censo de la población gitana en Italia y expulsaría a los gitanos en situación irregular, aunque “los gitanos italianos no tendrían más remedio que quedárselos”. La Liga Norte ganó las elecciones, pero la Justicia italiana ha impedido que Salvini pudiera hacer el censo que prometió. En una democracia, nadie, ni siquiera los líderes políticos “elegidos por el pueblo”, están por encima de la ley, y si en campaña prometieron algo que era ilegal, seguirá siéndolo por más que ganen las elecciones.

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José Luis Tivi