Cassandra Vera

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La izquierda ha encontrado a una nueva heroína para engrosar su particular y nefasto martirologio. En este caso se trata de una twittera murciana a la que la Audiencia Nacional ha condenado por trece polémicos tweets en el que se burlaba del atentado que acabó con Carrero Blanco. Diré (y volveré a decirlo a lo largo del artículo) que encuentro excesiva la condena, y que nadie debería ir a la cárcel por escribir tweets, independientemente del grado de repugnancia de los mismos. La libertad es algo valioso que exige razones más poderosas para que sea cercenada.

Ahora bien, aclaremos algunas imprecisiones que se han extendido por Twitter –lugar donde nació la polémica y donde más se ha discutido-. En primer lugar, no se ha condenado a Cassandra Vera por hacer chistes de Carrero Blanco en sí –en Twitter se han hecho chistes sobre Marta del Castillo, las niñas de Alcácer o Rita Barberá el mismo día de su muerte y no han acabado juzgándose en la Audiencia Nacional-, sino porque dicho tribunal ha juzgado que humillaban a las víctimas de terrorismo. Así, no se le ha condenado por otros tweets que, a mi juicio, son mucho más desagradables, como aquel en el que deseaba la muerte de Cristina Cifuentes cuando ésta se hallaba en la UCI después de un gravísimo accidente de moto, sino por los chistes donde se burlaba de una víctima de ETA. “Pero Carrero Blanco no era Miguel Ángel Blanco, precisamente”, dirán algunos. Pues, qué queréis que os diga, no haré -como hacen muchos- eso de decir que ETA era buena cuando asesinó a Carrero Blanco y mala cuando atentó contra la cafetería Rolando. ETA siempre fue mala, fuera cual fuese su víctima –sí, también cuando su víctima era otro etarra, como en el caso de Yoyes-.

En segundo lugar, el caso de Cassandra ha reavivado el eterno victimismo izquierdista. La persecución implacable que el sistema de estas democracias –más o menos- liberales les someten. Es falso que Cassandra Vera o César Strawberry hayan sido los únicos condenados por poner tweets repugnantes. Un tuitero ya fue condenado a dos años de cárcel por apología de la violencia machista –éste, a diferencia de Cassandra, sí que visitará Villa Candado-. Huelga decir que la izquierda que tanto defiende el “derecho a ofender” no se rasgó las vestiduras ni mostró apoyo al repugnante tuitero mencionado.

Así que, tan cierto es que la condena me parece excesiva, como falso que se le haya condenado por reírse de la dictadura franquista, o que exista ninguna persecución al “humor negro” de la izquierda tuitera, o que sólo se haya condenado a gente como Cassandra o Strawberry. Tampoco es cierto que los que la defiendan sean adalides del “derecho a ofender” cuando escracheaban e impedían ponencias de Rosa Díez o Felipe González en las universidades o apedreaban el autobús de HazteOír. Si queremos debatir, hagámoslo con honestidad intelectual.

@eltivipata