El País de Nunca Jamás

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No hay nada más injusto que arrebatarle la vida al prójimo. No hay nada más doloroso que despedirte de una hija que se va a otro lugar para trabajar y vivir, y que el “hasta luego” se convierta en “adiós”. No hay nada que aterrorice más que saber que entre nosotros hay monstruos que hacen palidecer a las ridículas criaturas con las que el cine trata de asustarnos, y que no son más que actores con prótesis de silicona, viscosas sustancias sintéticas y tecnología CGI.

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Y asusta también que la sociedad parezca cada vez menos preparada para enfrentarse a terribles verdades; que la seguridad total no existe ni existirá nunca, que la educación y la concienciación son importantes pero no obran milagros, y que siempre padeceremos a esos monstruos. Siempre habrá Bretones, Calcaños, Ana Julias, Chicles, Rosarios Portos… y Bernardos.

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Vivimos en una sociedad niños eternos, que rechazan frontalmente la realidad, con sus muchas cosas buenas (que creen derechos), y sus pocas cosas horribles (que no son capaces de asimilar). Gente que cree que un tipo como el Chicle o Bernardo Montoya comete sus crímenes porque no le explicaron que “sólo un sí es sí”, o porque no se sometieron a una revisión de “privilegios heteropatriarcales”. Gente que cree que existen fórmulas mágicas para que, en un país de cuarenta y siete millones de habitantes, se pueda reducir a cero el número de víctimas. Gente fácil de caer en las garras de líderes mesiánicos que se presentan como portadores de las llaves que les llevará a un paraíso en el que no hay monstruos debajo de la cama ni dentro del armario. Porque, como sabiamente dice Thomas Sowell; “cuando la gente quiere lo imposible, sólo un embustero puede satisfacerlo”.

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Así se dan numerosas paradojas. Por un lado, gente que piensa que la prisión permanente revisable es retroceder al medievo, y que, por otra parte, defiende que se pueda condenar a personas sólo tomando en cuenta la acusación. ¡Y ni siquiera se dan cuenta de que, lo que es un verdadero retroceso al medievo, es lo segundo!

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Gente que difumina la responsabilidad del asesino culpando a toda la sociedad (o, a todos los hombres). Como un disparatado artículo que llevaba por título “Tú también eres el asesino de Laura”. ¿Se incluirá en ese “tú también” al padre de la chica asesinada, un hombre que sufrirá infinitamente más que cualquiera de esos imbéciles e imbécilas sobreactuados e histriónicos, que parecen estar compitiendo por ver quien suelta la más “gorda”?

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Gente que cree que se puede erradicar el crimen como se erradica la polio o la viruela, y que la educación y la concienciación son vacunas infalibles.

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Gente que, para criticar la supuesta vulnerabilidad especial de la mujer en España, ponen como ejemplos países con tasas de violencia hacia la mujer bastante mayores.
Gente que son… eso, niños que nunca crecen.

 

José Tivi  

La extrema extrema derecha

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La deriva extremista de la derecha española desde que Casado asumiera el liderazgo del PP, y explotaran en la escena política Ciudadanos y Vox, es un hecho. Repasamos las razones por las que es justo y necesario señalar a los partidos de derechas como extremistas y peligrosos para las libertades y la democracia.
Una de las señales más evidentes del extremismo es el uso de un lenguaje agresivo y de confrontación. Antes de saltar a la primera plana de la escena política, Pablo Casado tildaba de “gilipollas” al electorado que votaba al PSOE. No, espera; era Pablo Iglesias.

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Aunque sí es cierto que Albert Rivera defendió un golpe de Estado que impuso un régimen totalitario y genocida, llamándolo con gran cursilería y total ausencia de empatía por las incontables víctimas que produjo “la más hermosa de las revoluciones”, elogiando a su artíficie, responsable directo, en seis años, de un número de crímenes diez veces mayor que el que se le atribuye a Franco en casi cuarenta. Bueno, Rivera no; Pablo Iglesias…

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Sin embargo, Abascal opina que no deben existir medios de comunicación privados y todos los medios han de estar controlados por el Estado. Lo que pasa es que en el vídeo en que lo expone, con meridiana claridad, se parece mucho en el aspecto y en la voz a Pablo Iglesias.

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Por su parte, el PP celebra cada año el aniversario de un dictador que se impuso y murió en la cama sin ser juzgado… No, en realidad es Izquierda Unida…

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Eso sí, el líder del partido naranja elogió el trato a la oposición de un régimen que tiene trescientos presos políticos reconocidos por la Organización de Estados Americanos y otros trescientos casos de torturas documentadas. Aunque, quien dice Rivera dice Errejón, sobre Venezuela.

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Pero lo que es realmente alarmante es que Vox pretenda que los jueces muestren adhesión a su programa político. Vale, ahí se lee Podemos… Pensé que no os daríais cuenta…

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¿Y qué me dicen que Casado pidiera rodear el Congreso cuando invistieron a un presidente que ganó las elecciones? ¿O que pidiera “militancia en las calles” cuando el rival político obtuvo escaños en un proceso electoral? Ah, pero… ¿El de la coleta no es Casado?

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Para los medios, la izquierda nunca aparece acompañada de las palabras “extrema” o “ultra”, y no importa si todos sus referentes son dictadores genocidas, o los sistemas políticos que elogian son crueles tiranías. Quizá es porque, a diferencia de la derecha, en la izquierda cuesta más distinguir la moderación del extremismo.

 

José Tivi