Sobre nacionalismo y regeneración democrática

pabli

 

Vivimos un extraño momento en el que los que se han autoproclamado adalides y salvadores de la democracia son los seguidores de una ideología que, lo primero que ha hecho siempre que han alcanzado el poder, donde quiera que sea, es ilegalizar el resto de partidos. Una época curiosa en la que, quienes dan lecciones de democracia, son los orgullosos herederos de sistemas políticos que perseguían a la oposición, conculcaban todas las libertades existentes para el individuo, controlaban los medios de comunicación y sometían a los ciudadanos a una estresante e insomne vigilancia en la que no quedaban resquicios alguno de intimidad. Un tiempo en el que, los que se permiten apuntar con dedos acusadores y llamar autoritarios y anti-demócratas a sus rivales políticos, son abiertos defensores de personalidades como Lenin, Che Guevara o Castro, poco sospechosos de ser demócratas. Luchadores antifascistas que ven nazis en ancianos que bailan una jota alrededor de sus mítines con banderas españolas, pero que, a menudo, padecen una extraña ceguera que les impiden ver a xenófobos y homófobos flamencos, negacionistas del Holocausto, que se pasean por Bruselas con Puigdemont, Marta Rovira y Anna Gabriel.

Estos son los “demócratas”, por lo que cabe recelar y cuestionar de la “regeneración democrática” que traen consigo. Estos “demócratas” se alían con cualquier movimiento ideológico que busque, precisamente, socavar lo que, aquellos que no sabemos de democracia, entendemos por tal. Políticos y periodistas; los Pablo Iglesias y los Jordi Évole, que legitiman a nivel nacional un movimiento más ideológico que político (el nacionalismo), que sin su apoyo necesario quedaría relegado a lo que es, un movimiento rancio y desfasado, obsoleto vestigio de lo peor del Romanticismo.

Da igual que ellos sean de izquierdas y, defendiendo la igualdad de las personas, apoyen o legitimen un movimiento basado en el más repugnante supremacismo. Da igual que ellos, que defienden la redistribución de la riqueza, legitimen un movimiento cuyas ideas, desprovistas de barnices, dicen que tienen que independizarse porque son más ricos que andaluces y extremeños. Da igual que, los que defienden un mundo sin fronteras, apoyen a los que, no sólo quieren construir unas nuevas, sino que llaman colonos a los que ya viven dentro y han nacido allí, pero se oponen a sus ideas. Cuidado con los “demócratas”.

@eltivipata