El puente del Mariel

Que el comunismo se ha autollamado “paraíso del proletario” es tan cierto como que los “proletarios” han huido en masa de los países que han izado la hoz y el martillo. Posiblemente esta sea una de las pocas leyes que no tienen excepción.

La primera ola migratoria de Cuba se produce en 1959, cuando el castrismo entra triunfante en La Habana. Entre noviembre de 1960 y octubre de 1962, en la que se llamó “Operación Peter Pan”, catorce mil niños fueron enviados por sus padres a Estados Unidos, esperando poder reunirse con ellos algún día. En esos años se produjeron “pequeñas” olas migratorias, a partir de la nacionalización de la educación, la sanidad y la industria de 1961, y el goteo constante de embarcaciones de recreo desde el puerto de Camarioca en 1965 –conocido como Éxodo de Camarioca, del cual, debido a su discreta naturaleza, no se tienen demasiados datos-.

Pero el goteo se convirtió en una hemorragia en diciembre de 1965 con los dos aviones diarios desde Varadero a Miami, que se prolongó hasta principios de 1973 y en el que se transportó a 265.297 personas. El nombre de aquel puente aéreo era elocuente; Freedom Flights.

Y luego vino el puente del Mariel, en 1980. Un día, un autobús cargado de aterrorizados y desesperados cubanos se empotró contra la verja del consulado del Perú, buscando asilo político. Los guardias peruanos trataron de impedirlo y uno de ellos murió por un disparo accidental de un compañero. Los peruanos, no obstante, terminaron acogiéndolos, y aun negándose a las presiones del régimen para devolverlos pese a las amenazas de Castro de violar la inmunidad diplomática de la embajada si no accedían. El tirano cumplió con la amenaza y tomó la embajada, pero ocurrió lo que nunca hubiera imaginado.

Diez mil cubanos corrieron hacia el consulado peruano, y la situación escapó completamente al control de Fidel Castro. Entonces, el régimen admitió la derrota y permitió al que quisiera marcharse que lo hiciera en ese momento. Los diez mil se convirtieron en más de 125.000 que, usando la mayoría de veces embarcaciones de recreo, fueron arribando en Miami en los siguientes meses.

“Se calcula que el 15% de los exiliados de los marielitos eran delincuentes”

Pero Fidel Castro pensó que podía obtener un pequeño triunfo de su derrota, y comenzó a vaciar las cárceles de la isla para deshacerse de lo que él mismo declaró “la escoria”. Impuso una cuota a las familias que huían aprovechando el puente marítimo del Mariel de personas que ellos mismos no conocían y que se trataban de delincuentes provenientes de las cárceles y los psiquiátricos cubanos.

Según Tomás Regalado, actual alcalde de Miami y que, en esos años, cubrió el Éxodo del Mariel como reportero, decir que el 15% de los exiliados eran delincuentes es mostrarse conservador. El impacto en Miami fue terrible. El crimen repuntó; las drogas, las armas y la corrupción asolaron la idílica ciudad de Florida. Eran los tiempos que la ficción se encargó de inmortalizar en Corrupción en Miami y El precio del Poder.

La cantante Mia Zapata es el rostro más visible de aquel drama. La joven y prometedora cantante punk fue violada y asesinada por Jesús Mezquía, uno de esos delincuentes cubanos que cruzó el puente del Mariel. Aunque el asesinato tuvo lugar en 1993, fue en 2002 cuando el ADN condujo a su detención. Mezquía era responsable de otra violación.

miazapata

Mia Zapata. Cantante asesinada por inmigrante cubano.

El puente del Mariel amenazaba con vaciar literalmente aquel “paraíso del proletario”, hasta que fue destruido desde ambas partes. Por un lado, la inmigración masiva y, sobretodo, el “cargamento” de delincuentes que Castro había, hábilmente, mezclado entre los refugiados, estuvo a punto de provocar una crisis sin precedentes en Estados Unidos –Miami tardó cuatro años en reducir la delincuencia hasta límites más o menos anteriores al Éxodo de Mariel-. La guardia costera estadounidense comenzó a impedir que llegasen más barcos cargados de exiliados, produciéndose escenas realmente dramáticas en las aguas.

Por parte del castrismo también se cerró el puente marítimo del Mariel. Auspiciados por el partido comunista, se comenzaron a organizar los tristemente célebres actos de repudio. Grupos numerosos se arremolinaban ante las casas de aquellos que se sabía tenían intención de abandonar la isla para amenazarlos y arrojarles huevos y basura al grito de “traidores a la revolución”. Lo peor fue cuando se les expulsaban de sus trabajos y se les retiraban la cartilla de racionamiento, condenándoles al hambre –arma de destrucción masiva en los regímenes socialistas-.

Los actos de repudio cesaron cuando el puente del Mariel se cerró definitivamente siete meses después de abrirse. Cuba se convirtió entonces en la prisión que es hoy. Que es Corea del Norte. Que fue la Europa del este, la URSS. Castro entendió, como entendieron sus predecesores, que un país comunista se vaciaría de no convertirse en cárceles.

@eltivipata

Todo sobre Maestre

antoniomaestre

Antonio. Periodista o algo así.

Analicemos con detenimiento y el máximo rigor el célebre artículo de Antonio Maestre Amor de clase, publicado en La Marea.

Maestre nos hace un repaso de sus dificilísimos primeros años en una ciudad paupérrima y misérrima; Fuenlabrada. Comienza por explicarnos la manera en que cayó el primer libro en sus manos. Tenía tres años y su madre le había disfrazado de payaso en un concurso de disfraces. El jurado juzgó que Maestre interpretaba tan excelentemente su papel que le concedió el primer premio; un libro sobre evolución humana. La experiencia le fue tan bien que Maestre ya no volvió a quitarse ese disfraz hasta la actualidad.

Luego nos explica que procede de una familia de obreros que compraron un piso y lo pagaron “letra a letra hasta llegar a las 500”. Terrible. Porque es bien sabido que la mayoría de los españoles cuando compran casas las pagan a tocateja. Empezó a odiar el sistema capitalista, que le decía que podía tener muchas cosas cuando era… verdad, teniendo en cuenta su actual situación económica (que no sé cuál es, pero viendo su Iphone 7 Plus no parece que sea demasiado mala).

Cuando tenía edad para trabajar estuvo a punto de aceptar un empleo como camarero de doce horas después del instituto. Sé que a muchos les parecerá una paja mental de Maestre, sobre todo después de sumar las (como pocas) seis horas del instituto (lo que daría dieciocho horas diarias), pero tiene sentido si lo contextualizamos; la Fuenlabrada de los noventa era como el Londres del siglo XIX…

En el artículo de Maestre también deja bien claro (y en más de una ocasión) que los adoquines de su barrio eran de cemento, no como el de la mayoría de barrios donde nos hemos criado los pijos que nos compramos las casas a tocateja, que son de amatista y jade.

Pero lo que quiere expresar el artículo es que Maestre despreciaba su barrio y su condición social hasta que entendió que pertenecía a una clase humilde que podía mejorar su situación a expensas de otros, y no a esa otra clase humilde que, con trabajo, esfuerzo, talento y suerte, puede mejorar su situación satisfaciendo, por el camino, las necesidades de la gente que le rodea; como ese tal Amancio Ortega…

@eltivipata