Twitter, el Edén

 

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Todo comenzó por la publicación de un tweet en el que colgaba una foto de una calle de la ciudad navarra de Alsasua donde ondeaba una bandera etarra. En el tweet señalaba que aquellos que ponen el grito en el cielo por el discurso navideño del rey mantuvieran un silencio monacal ante hechos como el de la fotografía. Un twittero de nombre Harto de cfrf -al que le siguen un buen número de personas- “desmontaba” mi tweet señalando que la fotografía era de 2012. Con la satisfacción de creer haberme dado un “zasca” se pavoneó de la “hazaña” ante su grupo de intelectuales –la mayoría de los cuáles alardeaban de gran originalidad al tener casi todos hoces y martillos en sus fotos de perfil-, en un espectáculo de onanismo grupal, una exaltación dantesca de idiotas sumidos en la complacencia absurda de quien se toma demasiado en serio una red social.

¿Qué importaba que la foto fuera de 2012? Me pregunté. ¿Acaso alteraba lo más mínimo el sentido de mi tweet? Desde luego que no, pero ellos eran felices. Harto de cfrf fue más allá y se propuso “desenmascararme”, tarea para la cual estuvo rescatando tweets míos –algunos de bastante tiempo- toda la tarde. No me fue difícil imaginar cómo de apasionante puede ser la vida de un usuario de Twitter, qué trepidantes aventuras poblaran su agitada existencia para hacer tal cosa, pero dejé que lo hiciera y comenzó el festival del humor.

Rescató un tweet donde yo citaba a Dolores Ibarruri “La Pasionaria” cuando decía “vale más condenar a cien inocentes que dejar vivo a un culpable”. El desenmascarador twittero señaló que la frase estaba terriblemente manipulada. La frase original era “vale más condenar a cien inocentes que dejar vivo a un culpable cuando está en peligro el pueblo”, o lo que es lo mismo, en tiempos de guerra tampoco es tan malo violar algún que otro derecho humano y la base misma del derecho jurídico. Cuando yo traté de explicarles que la frase de la Pasionaria era terrible en cualquier contexto ellos intentaron expresarme de una manera más o menos conexa –con todas sus obvias limitaciones intelectivas, culturales y diría que hasta psicomotrices, por la manera de teclear- que en una guerra esas cosas pasan.

Se puede ser poco hábil, pero defender de manera tan clara crímenes de guerra –bueno claras, entre los habituales gruñidos simiescos que proferían- es de ser un auténtico indigente intelectual –o lumpen, cómo lo prefieren ellos-. Pero ¡eh!, que sólo justifican ciertos crímenes de guerra. Después claman al cielo cuando caen bombas sobre población civil. ¡Eso es distinto! Me apuntó uno de los orcos que trepaban por el Abismo de Helm. ¿Es distinto bombardear civiles que detener gente de manera indiscriminada, hacer juicios sumarísimos y ejecutar a cien inocentes sólo para no dejar escapar a uno? No recuerdo la réplica exacta del bonobo en cuestión. Tal vez dos gruñidos corto y uno largo y luego comerse algún plátano.

El disparate iba in crescendo. Atacaron un tweet donde yo acusaba a Bódalo de golpear a un concejal durante un escrache. El cruzado contra la manipulación me envió, como si de una prueba irrefutable se tratara, un texto escrito por el SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores), al cual pertenece el propio Bódalo y que –es de presumir- muy imparcial no creemos que sea. En el texto se leía que la Guardia Civil no había presenciado violencia alguna. En las declaraciones oficiales de la Guardia Civil, en cambio, se expresa que no presenciaron ninguna agresión porque no estuvieron presente. O sea, no es lo mismo decir “no he visto nada” a decir “no estuve allí”. El matiz diferenciador es importante.

Con respecto a la agresión de Bódalo a una mujer embarazada durante un piquete, uno de los cohortes –una hembra orco, en este caso-, me aseguró que también era falso, y me envió como prueba la propia declaración de la víctima en una intervención televisiva. Bien, en el mismo vídeo que me envió, la mujer aseguraba que le había atacado hasta en dos ocasiones y que sólo paró al ver que estaba embarazada, que si no… En el mismo vídeo se podía ver como las víctimas de Bódalo lo describían como “violento y sádico”. Es decir, en lugar de enviarme pruebas que contrarrestaran lo que yo decía tuvo la amabilidad de poner a mi alcance pruebas a mi favor… sin pretenderlo. Debo reconocer que me enterneció.

El proceso de “desenmascaramiento” al que tan solícitamente se había prestado el caudillo orco llegó a un punto de disparate que negó una noticia sobre Cuba que publiqué –ni siquiera recuerdo el tweet en cuestión- para, acto seguido, enviarme como prueba irrefutable un vídeo de más que dudosa procedencia y de contenido incontrastado que pretendía demostrar que Cuba no sólo no era una dictadura, sino que parecía más democrática que Finlandia. Pasé a visionar esa joyita y mis ojos se humedecieron en lágrimas al instante. El vídeo era canela en rama. Una sucesión de imágenes de cubanos metiendo papeletas en urnas y una voz en off que decía frases verdaderamente antológicas. La mejor era una que decía algo así como “las supuestas democracias occidentales no quieren que estas imágenes salgan a la luz”. O sea, Dinamarca es una democracia dudosa y Cuba es el Atenas de Pericles.

Ahora es cuando me pongo serio. Lo que me dejó claro aquel aquelarre de imbéciles comunistas es que vivimos en un mundo en que declararse tal –comunista, me refiero, no imbécil, cosa que nunca admitirían-, lejos de conllevar un merecido estigma y una condena social, es motivo de orgullo. Individuos mentalmente pobres que se vanaglorian de pertenecer a un sistema de pensamiento que siempre que se ha puesto en práctica ha llevado a la miseria, el hambre, la pérdida de la libertad y la muerte de millones de personas. Una ideología que siempre se ha tenido que imponer mediante la violencia, o bien escondiéndose y disfrazándose para probar fortuna en las urnas. Un sistema de pensamiento que allá donde se implanta debe levantar muros para que la gente no se les escape –la URSS alzó uno que iba desde el mar Báltico al Mediterráneo y, casualmente, quienes se lo saltaban lo hacían siempre desde el este-. Un sistema de pensamiento que parió una camada de monstruos –Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, Ho Chi Min, Mengistu, Kim Jong Un o Castro- que mataron a cien millones de personas.

Pero esto es Twitter, y no hay que ponerse tan serios. Disfrutemos de estos fabulosos momentos que nos regala.

@eltivipata

Desde el otro lado

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Un yihadista perpetraba el pasado día diecinueve un atentado en Berlín calcado al que estremeció Niza este mismo verano. Un camión convertido en arma arrasaba unos puestos navideños en una concurrida plaza de la capital tudesca. En el momento en que escribo estas líneas hay doce muertos, aunque el gran número de heridos hace pensar que esta cifra, por desgracia, pueda no quedarse inmóvil.

Entre los heridos hay un joven estudiante español, al que las ruedas del camión pasaron por encima y, según nos relató él mismo en las redes sociales, le fracturaron la cadera y la tibia y el peroné de una de sus piernas. En las redes sociales comenzaron entonces a circular tweets escritos por la víctima del atentado de Berlín, algunos publicados apenas días antes del terrible suceso, donde insultaba a los españoles –el muchacho es un nacionalista vasco- o aseguraba que la muerte de Rita Barberá era una buena noticia para empezar el día.

Pero los tweets que me llamaron más la atención fueron los que hacían referencia al terrorismo –al que llamaba eufemísticamente “lucha armada”- y en el que se trasluce ciertas simpatías por Otegi o los agresores de Alsasua. Pero es concretamente un tweet el que ha convertido su terrible experiencia –de la cual no me alegro ni un ápice, por cierto- en una lección que debería servirle para hacerle más sabio. El tweet en cuestión es este;

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Me gustaría poder decirle (o que alguien le dijera) que el tipo que esa noche conducía el camión también creía, al igual que él, que la lucha armada era la única solución para derrocar el poder imperante, que el yihadista juzga tan malvado como lo juzga él. Claro que podrá replicarme; no es lo mismo. Hasta cierto punto eso es cierto, al menos formalmente. Entre el terrorismo etarra y el terrorismo yihadista hay diferencias ideológicas y contextuales pero el arjé que impulsa a ambos es prácticamente idéntico.

En ambos casos, son tipos que están tan convencidos de que tienen la razón y de que el modelo que defienden es el más justo, que llevan al extremo la máxima maquiavélica de que el fin justifica los medios. Hitler o Lenin también eran hombres de convicciones. Tanto el gudari vasco que tan veladamente defiende como el yihadista que le pasó por encima con el camión creen que sus ideas son tan justas que se deben imponer de cualquier manera, aun usando la fuerza si se precisara, y que no cabe otras ideas -¿por qué iba a haber espacio para otras ideas, si las suya son perfectas?-, de tal forma que ninguno de ellos admiten que sus ideas puedan convivir con otras. En otras palabras, el pensamiento del tipo que conducía el camión que le aplastó las piernas no era tan diferente, en esencia, al suyo propio.

No me alegro de lo que le sucedió. Ni siquiera considero que sea un justo castigo kármiko. Pero espero que el vivir la “lucha armada” desde otro punto de vista –el de víctima- le haya servido de humilde lección. Lección de que toda idea que tenga que defenderse con el uso de la violencia es una idea mala, y que jamás se puede tener la arrogancia de creer que tenemos la razón hasta el punto de que debemos imponerla a cualquier precio.

@eltivipata

La revolución que nadie quiere

 

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David Pérez. Alcalde de Alcorcón.

Grupos de feministas se manifestaban en Alcorcón contra el edil David Pérez, que hizo unas polémicas declaraciones donde atacaba a sectores extremistas del feminismo. No fue una movilización espontánea de gentes indignadas que salen a la calle, sino –como sucede siempre- una manifestación convocada y dirigida por una asociación subvencionada –Mujeres Feministas de Alcorcón-.

Entre las acusaciones que la gente movilizada vertían sobre el alcalde conviene centrarse en la de “utilizar sus cargos públicos para ejercer violencia machista”. Ninguna de las declaraciones emitidas por David Pérez –por desafortunadas que puedan parecerles al lector, si es que las juzga desafortunadas- hacían referencia a la mujer sino a las feministas, un sector bastante reducido de ellas -si atendemos al barómetro del CIS de 2015- que apenas llega al 1,5%. Sin embargo, y como suele suceder con todos los partidos políticos o lobbys que tienen escaso apoyo popular, estos grupúsculos ruidosos se arrogan la representación de la mayoría social. Así lo hacía Izquierda Unida, el “partido del pueblo”, que rara vez llegaba al cinco por ciento de los votos en las elecciones generales. Así pues, ese insignificante 1,5% de personas declaradas feministas, identifican con ellas a los más de veinte millones de mujeres de este país, de manera que cargar con ese 1,5% -sea con razón o sin ella- es como cargar contra el 98,5% restante.

Un 98,5% que, ya sea por indiferencia o abierta oposición, no quieren alienarse con el feminismo. Una mayoría social –y ésta de verdad- a la que no le convencen los discursos imperantes en el feminismo. Pero a éste no le importa que ese 98,5% ignore o rechace el feminismo, ellas representan a todas, tanto si quieren como si no, lo que no deja de ser una manera de tutelar, un paternalismo –maternalismo quizás- que cae con frecuencia en el control y el autoritarismo. Un 1,5% queriendo hacer la revolución en nombre del 98,5% que no la busca ni desea, como un Lenin diciendo aquello de “un paso por delante de las masas, pero sólo uno”.

@eltivipata