Mandanga patriarcal

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Señora Dolera, perdóneme si le hago un mansplainning tan descarado, pero aún conservo la mala y patriarcal costumbre de creer que soy libre para opinar y expresarme, y por eso escribo estas líneas. Además, como aficionado al fútbol creo entender algo del tema que comentas en este tweet.

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Creo que su tweet no las ha ayudado mucho (me parece que, después de su publicación, las jugadoras siguen sin ganar el dinero que, sin duda, merecen). Lo mejor (o peor, según se mire) es que está en su mano el ayudarlas de verdad; mejor porque es una posibilidad real, y peor porque no lo ha hecho aun siendo posible. ¿Y cómo podría haberlas ayudado de verdad? Primero yendo al estadio a verlas (me atrevería a decir que no lo hizo porque no he visto ninguna foto suya en el estadio en ninguna de sus redes sociales, usted que tan activa es en ellas). Podría, de paso, haber llamado a sus amigas (y a sus amigos también) para que le acompañaran a dar ánimos a las jugadoras del Atlético-Barça en la final de la Copa de laReina.

Y si no podía por cuestiones laborales o de desplazamiento, igualmente podría haber usado sus redes sociales para promocionar el partido (antes de que se disputase, claro, después no tiene mucho sentido). He observado que le siguen 135.000 personas en Instagram y 132.000 en Twitter, por lo que, seguro, habría podido convocar a bastante gente.

También podría haber usado los medios de prensa y radio que frecuentapara darles más cancha. Estoy seguro de que las chicas que ayer jugaron la final en un estadio no tan lleno le estarían infinitamente más agradecidas que poniendo el tweet que has puesto.

De hecho, ¿sabe algo de ellas? ¿Sabe cómo quedó el partido? ¿Conoce a Mariona Caldentey, la autora del gol que dio la victoria a su equipo? No, claro.

Siendo una persona tan mediática, con un altavoz privilegiado, capaz de hacer llegar mensajes a cientos de miles de personas, no dedicó un solotweet, una sola imagen de Instagram, un solo comentario en ningún espacio de radio o prensa, para promocionar el partido y que el estadio se llenase de hinchada. La única, dura, triste realidad, es que pudiendo haberlas ayudado, usted decidió no hacerlo. Sus motivos tendrá.

Perdóneme este artículo repleto de machistas mansplainings, pero usted y yo sabemos que, haciendo lo que he dicho, habría ayudado muchísimo más a las fantásticas jugadoras que ayer disputaron un fantástico partido en el que el Barça se llevó la victoria con el gol de Caldentey.

 

@eltivipata

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La religión pobrista

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Podemos ha cultivado desde sus principios –con principios me refiero a orígenes; que principios nunca tuvieron, o tuvieron demasiados, como Marx (el Groucho)- un discurso pobrista. El “nosotros somos gente sencilla, vivimos en Vallecas, tenemos el mismo coche que hace quince años y cogemos el metro, mientras ellos van en jet privado, viven en urbanizaciones de lujo apartadas y comen caviar”. ¿Y qué es el pobrismo? El pobrismo surgió en la Argentina kirchneriana, en la que se comenzó a subvencionar la pobreza como si se tratara de un bien que había que conservar, en lugar de dirigir los esfuerzos por tratar de erradicarla. El pobrismo no es el amor a los pobres, sino a la pobreza. Es la idea de que los pobres son moralmente superiores por el hecho de ser pobres.

Esta idea está muy arraigada en nuestra cultura porque el cristianismo ha sido (y es) una religión pobrista. ¿Recordáis a Mateo 19:24? “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de los Cielos”. De ahí que cale tanto en nosotros el discurso pobrista de partidos populistas como el de Podemos.

Los pobres no quieren que les veamos, asintamos con la cabeza y digamos “joder, cuánta dignidad tienen”. Nuestra consideración no llenan sus barrigas, y nuestro respeto no dará de comer a sus hijos. No, los pobres quieren salir de la pobreza, porque no hay dignidad alguna en la pobreza. No hay dignidad en tener la nevera vacía, agujeros en el techo y parches en la ropa. Podemos ha basado su discurso en esa idea de que hay superioridad moral en la pobreza y la austeridad –aunque la austeridad no sea mala si es elegida-.

Mucha gente siguió a Podemos porque eran como ellos, socioeconómicamente hablando (o eso creían), pero cuando vieron que comenzaban a irse un mes de vacaciones a Nueva Zelanda o a comprarse chalés de 660.000€ despertaron del sueño. ¡Ostras, yo no puedo hacer eso!

Así que;

1) Ser pobre no es bueno, que no te engañen los pobristas. No hay que amar la pobreza; hay que odiarla para combatirla y erradicarla.

2) Desconfía de los pobristas, porque suelen ser los más hedonistas, materialistas y sibaritas.

 

@eltivipata

Democracia radical

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Y el procés acabó. O quizá había acabado mucho antes de que detuvieran a Puigdemont en la frontera de Alemania con Dinamarca, a unos treinta kilómetros tierras germánicas adentro. Roger Torrent, presidente del Parlamento de Cataluña, decía que “ningún juez puede perseguir al president de todos los catalanes”. O lo que es lo mismo, nuestros líderes deben de estar y están por encima de la justicia.

No es el único comentario que sostiene que un “representante del pueblo” no puede estar sometido al poder de unos jueces “a los que nadie ha votado” (esto último extraído de un tweet de Joaquín Urias, nada menos que profesor de derecho constitucional). El Pablo que se apellida Iglesias y el que se apellida Echenique, Gabriel Rufián y muchos otros han expresado una y otra vez lo aberrante que les parece que líderes políticos “votados por mucha gente” sean encerrados. Como si el hecho de ser votados (y por mucha gente) les facultara para saltarse la ley que nos obliga a todos. Es decir, los convierte en seres superiores, por encima de las leyes que se han escrito sólo para ti y para mí. Para el vulgo.

Podemos lo llama “democracia radical”, y Arnaldo Otegi (reconocido demócrata) lo resume en un tweet en el que afirmaba que para él “la ley no era nada en comparación con la voluntad del pueblo”. Es decir, la democracia radical no es otra cosa que el sometimiento de los ciudadanos a la inmediata decisión de las urnas, momentánea, inconstante, el paraíso del demagogo experto en agitar las bajas pasiones, en lugar de una ley hecha por juristas y aprobadas por representantes. ¿Tendría sentido que todos nosotros decidiésemos en una urna si aprobar la utilización de un determinado fármaco para luchar contra el alzheimer? No, es una decisión que corresponderá a los investigadores especializados, ¿verdad? ¿Por qué no aplicar esa lógica a la jurisprudencia?

Y, desde luego, una ley que no somete a los líderes políticos es una ley antidemocrática, pues somete sólo a los gobernados y crea una casta privilegiada propia de sociedades felizmente desaparecidas, al menos en nuestros alrededores.

Pero esa es la “democracia” y la “ley” de los rufianes. Claro que, ¿aún nos extrañamos viniendo de quienes siguen a Lenin, Castro o Maduro?

 

                                                                @eltivipata

Los líderes socialistas

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Decía George Orwell en El camino de Wigan Pier que pocas cosas hay tan alejadas como un líder socialista y la gente a la que representa. Escribía que, cuando uno piensa en un líder obrero, se imagina a un tipo con un mono sucio y la cara tiznada de hollín, hablando en un lenguaje claro y directo, pero justamente es todo lo contrario.

Los líderes obreros resultaban ser gentes provenientes de familias más que acomodadas, como Marx, que no pisó una sola fábrica en su vida y vivió mantenido por su amigo Engels, que también venía de una buena familia. O Lenin, nacido en el seno de una familia de funcionarios de la Rusia zarista, que entonces era casi como decir de la aristocracia. O Mao, que, pese a que siempre cultivó hábilmente aquella imagen de campechano campesino chino, era propietario de tierras, lo que lo diferenciaba de la inmensa mayoría de los chinos de la época, que sólo tenían sus brazos. O Fidel Castro, un criollo de una familia de terratenientes cubanos. O el Che, cuyo apellido, Guevara, pertenecía a una buena familia bonaerense.

Esto es vital para comprender la diferencia abismal, tanto en la estética como en los intereses, de los líderes del movimiento obrero y los obreros a los que dirigen su discurso. Por tanto, Orwell constataba que, mientras los líderes socialistas hablaban (y siguen hablando) de derribar el capitalismo, subvertir el orden social y abolir la propiedad privada, los obreros querían seguir como estaban pero mejorando sus condiciones. Mientras unos instaban a la dictadura del proletariado, otros (irónicamente los propios proletarios), pedían, sencillamente, jornadas laborales más cortas o mejores salarios. Es decir, lo que ya tenían, pero mejor.

Resulta asombroso que un texto de 1937 no haya caducado después de ochenta años. Los líderes socialistas de hoy se parecen a los trabajadores como los líderes socialistas de antaño a los proletarios. Es decir, como un huevo a una castaña. Pablo Iglesias, Alberto Garzón o Gabriel Rufián. La mayoría son jóvenes salidos no hace mucho de las facultades de ciencias políticas, crecidos en las juventudes de Izquierda Unida o del casi extinto PCE, y que nunca han trabajado fuera de la política, a no ser como docentes. ¿Qué saben de la gente corriente quienes viven rodeados de políticos y politiquillos desde los catorce años? ¿Con qué gente corriente van a relacionarse si, cuando iban al instituto, pasaban el día haciendo folletos políticos que ningún compañero normal leía porque estaban, lógicamente, más interesados en el nuevo Call of Duty? ¿Cómo van a conocer a gente corriente si desde estudiantes han pasado la vida en interminables asambleas, manifestaciones y asentadas, haciendo y leyendo manifiestos inútiles y anacrónicos, y relacionándose sólo con otros como ellos? ¿Hay algo normal en ellos o en sus vidas?

Luego no es de extrañar que no entiendan a la gente normal y que la gente normal no les entienda a ellos. Imaginad a Mari la peluquera o Paco el del quisco, que llega a casa cansado, enciende el televisor, y ve a Eduardo Garzón hablando del impacto de género del soterramiento de la M-30. Están tan alejados de la gente corriente, de sus preocupaciones y anhelos, que ni siquiera entienden el por qué no los votan, y, lejos de preguntarse si el problema es de ellos dicen; es que no nos entienden…

José Tivi

Sobre nacionalismo y regeneración democrática

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Vivimos un extraño momento en el que los que se han autoproclamado adalides y salvadores de la democracia son los seguidores de una ideología que, lo primero que ha hecho siempre que han alcanzado el poder, donde quiera que sea, es ilegalizar el resto de partidos. Una época curiosa en la que, quienes dan lecciones de democracia, son los orgullosos herederos de sistemas políticos que perseguían a la oposición, conculcaban todas las libertades existentes para el individuo, controlaban los medios de comunicación y sometían a los ciudadanos a una estresante e insomne vigilancia en la que no quedaban resquicios alguno de intimidad. Un tiempo en el que, los que se permiten apuntar con dedos acusadores y llamar autoritarios y anti-demócratas a sus rivales políticos, son abiertos defensores de personalidades como Lenin, Che Guevara o Castro, poco sospechosos de ser demócratas. Luchadores antifascistas que ven nazis en ancianos que bailan una jota alrededor de sus mítines con banderas españolas, pero que, a menudo, padecen una extraña ceguera que les impiden ver a xenófobos y homófobos flamencos, negacionistas del Holocausto, que se pasean por Bruselas con Puigdemont, Marta Rovira y Anna Gabriel.

Estos son los “demócratas”, por lo que cabe recelar y cuestionar de la “regeneración democrática” que traen consigo. Estos “demócratas” se alían con cualquier movimiento ideológico que busque, precisamente, socavar lo que, aquellos que no sabemos de democracia, entendemos por tal. Políticos y periodistas; los Pablo Iglesias y los Jordi Évole, que legitiman a nivel nacional un movimiento más ideológico que político (el nacionalismo), que sin su apoyo necesario quedaría relegado a lo que es, un movimiento rancio y desfasado, obsoleto vestigio de lo peor del Romanticismo.

Da igual que ellos sean de izquierdas y, defendiendo la igualdad de las personas, apoyen o legitimen un movimiento basado en el más repugnante supremacismo. Da igual que ellos, que defienden la redistribución de la riqueza, legitimen un movimiento cuyas ideas, desprovistas de barnices, dicen que tienen que independizarse porque son más ricos que andaluces y extremeños. Da igual que, los que defienden un mundo sin fronteras, apoyen a los que, no sólo quieren construir unas nuevas, sino que llaman colonos a los que ya viven dentro y han nacido allí, pero se oponen a sus ideas. Cuidado con los “demócratas”.

@eltivipata

Hablamos con… Joaquín Campos

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Joaquin Campos. Escritor y cocinero internacional

Hablamos sobre feminismo y la poco “publicitada” situación de indefensión del hombre que da el sí, quiero -en China y en España- con Joaquín Campos, escritor y cocinero malagueño, trotamundos –ha recorrido, en especial, Asia-, radicado actualmente en Camboya.
En una entrevista para El Mundo, no prodigó en afectos hacia la cultura China, a la que –muy a su pesar- llegó a conocer muy bien. Con tres libros publicados (contó con la presencia de Sánchez Dragó en la presentación de una de sus obras), Joaquín se desempeña con notable destreza entre fogones y teclas.

 

Agradezco a Joaquín la entrevista para El Tivípata:  
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Hola, Joaquín. Se habla mucho de lo patriarcal, tradicional y machista que es la sociedad china, pero en una entrevista para el periódico El Mundo dices textualmente que casarse en China es “Tener que preñarla al instante, pagar la boda, comprar una vivienda a sus padres o permitirles la convivencia bajo tu mismo techo, mantener a la familia, hacer vida de paria visitando a diario joyerías y centros comerciales […] y en resumidas cuentas: arruinarte, disminuirte, despreciarte.¿La sociedad china es tan machista en la vida conyugal como nosotros percibimos? 
 
La sociedad china, proporcionalmente a su desidia cultural y falta de respeto en general, no es tan machista. La mujer, salvo en los cargos oficiales del Partido Comunista chino, donde prácticamente no ostenta cargo alguno, forma parte de una sociedad realmente equilibrada. Pero por donde se desangra es por esa herencia denigrante de Mao y sus secuaces, donde por tener una hija te arruinabas de por vida –de ahí que aún hoy día se maten a niñas recién nacidas o se vendan a occidentales cuando no abortan directamente sobre un terraplén–, lo contrario de cuando dabas a luz a un hijo. De ahí la sabiduría envenenada de cientos de millones de chinas que saben que casarse es un negocio para ellas y, muy especialmente, para sus familias. En China, para el que no lo sepa, hay que pagar por casarse con una dama: o una cantidad a la familia o comprarles una vivienda o ambos asuntos. Aún espero que la vendida corporación de corresponsales patrios en China se decida a realizar un reportaje sobre los miles de casos de muchacha china que estafa a extranjero, lo deja sin dinero, sin casa, sin visado, y además, sin opciones de ver a ese hijo o hija único que crecerá entre unas tradiciones cuanto menos poco saludables, a la par de su contaminación extrema.
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¿Está el hombre chino en una situación de vulnerabilidad cuando se casa con una mujer china? ¿Y un español? 
La vulnerabilidad es general, pero el español siempre lo pasará peor, por una sencillísima razón: la justicia china es racista y en caso de conato de problema entre matrimonio formado por nativo y extranjero SIEMPRE saldrá ganando el nativo.
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Criticas la situación de muchos españoles casados en China. ¿A qué se enfrentan cuando dan el sí, quiero
Ese “sí, quiero”, en realidad, para sus adentros, es en realidad un “sí, follo”; porque nadie es capaz de reconocer que la mayoría de los extranjeros que se casan en China, o en el sudeste asiático o en África o en Sudamérica, lo hacen por falta de polvos, de te quieros y de cualquier asunto que tenga que ver con el afecto ajeno, los noviazgos y el hartarte de practicar el acto sexual. Mi teoría es clara: si el sexo fuera como el comer, que cada ciudadano lo hiciera cada día, repetidas veces y con personas distintas, las bodas no existirían. De hecho imagino que los que defendieran en esa situación las bodas serían encarcelados como herejes del placer, como organizadores de sectas peligrosísimas. 
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También te quejas que los “sumisos reporteros” de programas de viaje no hablan de lo que tu llamas timos matrimoniales, ¿a qué crees que se debe esa ausencia de información?
Probablemente porque ellos también aceptarían casarse con la primera que les dijera “te quiero”.
 
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¿Cómo valoras el tratamiento de los medios aquí en España (en especial, televisión) sobre la violencia doméstica? ¿Recibe el hombre un trato justo de los medios?
Cada hombre que agrede a una mujer –y ya no digamos nada cuando la mata– debería ser encerrado en una celda de por vida. Pero claro, ¿acaso genera menos pecado el agredir a tu compañero de trabajo? ¿O a tu primo? Yo creo que el delito no es sexista, por lo que me río de los avances de la justicia española, que de la mano de los medios de comunicación, no mete el dedo en un asunto evidente: ¿alguien tiene a mano el dato de las denuncias falsas presentadas por mujeres contra sus parejas para quedarse con la custodia de los hijos, acaparar todos los bienes inmuebles y lo que te rondaré morena que desembocaron, en algunos casos, en el suicidio del falso culpable o al menos en su ruina hasta el día de su muerte natural? 
 
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Teniendo en cuenta que el protagonista de tu novela Faltan moscas para tanta mierda es un “putero” y tiene una relación “complicada” con las mujeres, ¿has percibido alguna reacción o crítica adversa desde el feminismo?
Sí, pero me la suda. Yo nunca me fiaría de una asociación. O mejor dicho, yo nunca me fiaría de cualquier asociación, ya sea de feministas recalcitrantes como de cocineros vascos que se encierran en un txoco a contarse sus falsos éxitos vitales. Porque en ambos casos, y ahí está el quid de la cuestión, cuentan sus polvos y sus amores con los dedos de una mano. Y un ser humano que no quiere ni folla puede llegar a ser más peligroso que el jefe de Al Qaeda drogado hasta las cejas. 
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Criticas que el Instituto de la Mujer ha tenido once directoras y ningún director, y acusas a la fundación de sectarismo. ¿Qué opinión te merece el feminismo actual en España?
Lo acabo de comentar: no me fío de ninguna asociación, que si las auditaran, podríamos llegar a asociarlas más a sectas que a agrupaciones con sentido humanitario, o al menos común. Una feminista, como dije hace poco, es lo más parecido a un Ultra Sur.
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En la biografía de tu perfil de Twitter cuentas que tienes tres libros publicados, un árbol plantado y cero hijos. ¿Es una decisión consciente o, simplemente, no se ha dado el caso?
Yo casi todo lo hago inconscientemente, como esta entrevista, pero eso no quiere decir que a cada año que cumplo menos ganas tenga de ser padre, lo que en el fondo, y aquí necesitaríamos un debate abierto en un aula magna, con árbitros y televisiones, no es más que un atraso del ser humano, que aún siendo persona, sigue trayendo gente a un mundo que se encharca, se pudre, se abarrota, se envilece, o a fin de cuentas, se acaba. 
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¿Crees que aquí en España el hombre está en una situación de indefensión o vulnerabilidad cuando se casa y tiene hijos?
No, está en una situación de indefensión y vulnerabilidad cuando decide separarse, que muchas veces ni siquiera es asunto suyo, sino de ella. 
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Algún comentario que quieras hacernos sobre algún aspecto del feminismo o las mal llamadas “políticas de igualdad”.
Que todo el mundo tiene los mismos derechos pero que desde que nacemos cada uno de nosotros –hombres, mujeres, travestis, lo que marque el futuro– elegimos un camino diferente; y que tomar decisiones en base al sexo –me niego a decir género a no ser que hablemos de productos pedidos para un supermercado o restaurante– me parece una imbecilidad, como si matar a catorce personas que esperan a su autobús bajo su marquesina fuera un asunto de sexos. Y eso sí, paguemos por el mismo trabajo a un hombre y a una mujer, pero no convirtamos el medio laboral en un prostíbulo más, que en Camboya la jefa de UNICEF hasta hace poco era yemení y señora, asunto que me llamó tanto la atención que al pedir explicaciones recibí las siguientes: “Es por lo de las cuotas”. Las cuotas, para el que no lo sepa, obliga a que cargos de la ONU y de UNICEF, entre otras bromas pagadas con dinero público, se vean obligados a contratar a señoras de países donde la mujer no pinta una mierda, como es el caso de Yemen. Y entonces te encuentras con responsables de asuntos supuestamente vitales, o al menos muy importantes, que no están ahí por sus méritos sino por su sexo y su procedencia. Algo así como si en Occidente a un adolescente eritreo manco y sin estudios le dieran el Nobel de Literatura. 

Manipulación y medio

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Juan y Medio, unas tijeras y una falda liaron la mundial en una red social (Twitter) en la que las tonterías continuamente adquieren una sobredimensionada importancia. En principio esto es lo normal; el pan de cada día de los que usamos y amamos esta red social. Pero nada más y nada menos que el tercer partido político en número de votos (Podemos) se metía en polémicas tuiteras y denunciaba en su cuenta de Twitter el gag de Juan y Medio y su compañera Eva Ruiz, que tildó de machismo inaceptable.

Diferentes medios se hacían eco de la “noticia”. ElDiario.es titulaba; El presentador Juan y Medio corta en directo el vestido de su compañera en contra de su voluntad. El País, tomando unas cuantas toneladas de licencia dramática, decía; Dos miembros del equipo del programa de Canal Sur tuvieron que intervenir para detener a Juan y Medio.

Hace pensar a un Juan y Medio fuera de control, intentando desesperadamente desnudar a su partener televisiva. Todos partidos políticos y medios abiertamente feministas, defensores y difusores de ese movimiento que da voz a todas las mujer… ¿A todas? Pues no, porque ni Podemos, ni ElDiario.es ni El País ha escuchado la voz más importante de todo este asunto; la de Eva Ruiz.

La compañera de Juan y Medio y protagonista de tan importantísimo hecho que todos los españoles esperan se debata en una sesión extraordinaria del Congreso expuso su opinión en su perfil de Twitter (lo veréis al final de este artículo), y esa opinión no sólo negaba el hecho de que se tratara de una agresión machista en directo, sino que condenaba expresamente el uso político e ideológico que se estaba haciendo de la broma. Ninguno de los medios aquí citados que “informó” sobre el caso dio voz a la “agraviada”.

De pronto dar voz a la mujer se convierte en un problema, si lo que dice no se ajusta a lo que ellos esperan que diga. Y si habla, decir que es una víctima de ese machismo tan interiorizado que ni siquiera ella, una mujer adulta y responsable, es capaz de percibir aun cuando lo sufra en sus propias carnes, o que está mintiendo para conservar el trabajo. Cualquier explicación, por peregrina, retorcida o inverosímil que sea, es más aceptada que la más simple de todas, y ofrecida por la propia mujer, de que no fue más que una broma, y que no se sintió mal por ello.

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@eltivipata

Blanqueo de terroristas

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Homenaje a las víctimas en Las Ramblas

James Alex Fields Jr. tenía veinte años cuando apretó el acelerador de su Dodge Challenger contra una manifestación en Charlottesville, matando a una mujer e hiriendo a otros diecinueve. ¿En qué le fallamos para que este casi niño se dejara tentar por el supremacismo blanco y cometiese esa locura? ¿Cuántas burlas debió sufrir, cuantas veces le dirían redneck? ¿Cuántas puertas cerradas, oportunidades negadas y obstáculos en su futuro tuvo que afrontar para verse obligado a hacer eso? Debemos asumir la responsabilidad compartida entre atacante y víctimas y olvidar lo más rápidamente posible este suceso…

¿Lo notas? Esas náuseas en el estómago al leer el repugnante párrafo anterior. Una rabia, un sabor bilioso en la boca, ante cada palabra arriba escrita. Pues todos y cada uno de esos comentarios (y muchos otros) se han oído en algunos medios de prensa nacionales a propósito de los yihadistas que atentaron la semana pasada en las Ramblas de Barcelona y en Cambrils.

El diario Público daba voz, entre otros, a alguien que decía “que hoy les faltaban ocho niños” en referencia a los ocho jóvenes que perpetraron el despiadado ataque. ElDiario.es nos instaba a reconocer la “responsabilidad compartida” por los atentados y, con un micro de LaSexta en la boca, una “experta en convivencia” decía que Younes, al que ahora llaman terrorista, era su vecino desde hacía muchos años. ¿Cómo quiere que llamemos a quien masacró a quince personas? Debemos recordarle que lo de “hombre de paz” ya lo ocupa Arnaldo Otegi. Por no hablar de las declaraciones públicas de la formación política CUP quienes, sin haber condenado aún el terrorismo etarra, se permiten aleccionarnos sobre cómo debemos condenar el atentado.

Resulta curioso que los medios “menos enérgicos” en la condena global contra el terrorismo yihadista sea, precisamente, quienes tienen a etarras condenados en sus consejos, o grupos políticos que se niegan a condenar a ETA, o reconocer y homenajear a sus víctimas. Y son esos seres quienes se arrogan, continuamente, el derecho a juzgarnos a todos. Miserables.

@eltivipata

Paletos de ciudad

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Decía María Elvira Roca Barea que siempre ha habido analfabetos, pero que lo inédito de nuestro tiempo es que hoy esos analfabetos salen de las universidades. Yo adapto esa idea al contexto de “turismofobia” que se vive hoy en Barcelona (y que amenaza con extenderse por País Vasco y otras áreas de nuestra geografía). Siempre ha habido paletos hostiles al forastero, pero hoy esos paletos están en las grandes ciudades (y tienen coartada ideológica).

Para explicarnos el porqué de esta cruzada antiturismo es conveniente desmontar un par de mitos usados por los cruzados. El primero es el de que España es un país de turismo… y ya. Y por eso es necesario sustituir el turismo por otras industrias, que generan, por lo común, empleos mejor remunerados. Bien, la realidad (normalmente poco amiga de esta gente), nos dice que el peso del turismo en el PIB nacional es del 11%. Es decir, el turismo tiene un peso importante en nuestra economía, pero casi el 90% de la misma viene de otro tipo de industrias (la industria energética supone el 17,8%, por ejemplo).

Segundo mito, el turismo es precariedad. A menudo, se tiene la idea de que un país con gran turismo es un país mal desarrollado (véase Cuba, República Dominicana o Tailandia, todos grandes destinos turísticos). De nuevo, la tozuda realidad se empeña en ponerse en contra de ellos. El país que más visitantes recoge es Francia, seguido de Estados Unidos (España ocupa el puesto de bronce). Alemania y Reino Unido también están presentes en el top ten. Por lo que no, la industria turística no es cosa de países subdesarrollados.

También es importante saber que el turismo no sólo favorece a los hosteleros. La permeabilidad de esta industria es mucho mayor que la de cualquier otra, y son muchos los que se benefician indirectamente del turismo. Desde el sector del transporte (autobuses urbanos e interurbanos, metro, taxi…) hasta el comercio en general (tiendas de souvenirs, de ropa, supermercados…) y otras ofertas (museos, parques de atracción y acuáticos…).

La cruzada contra el turismo “porque destroza las ciudades” (ya me diréis lo destrozada que está Benidorm o Marbella), tiene el mismo objetivo que la cruzada contra la industria energética “porque contamina” o la industria agrícola “porque deforesta”. Es la cruzada contra la producción capitalista. Contra la emancipación del hombre del Estado. La única manera legítima de enriquecimiento para ellos es a través de un Estado que lo totalice todo. Comunismo light pero progresivo.

@eltivipata

El puente del Mariel

Que el comunismo se ha autollamado “paraíso del proletario” es tan cierto como que los “proletarios” han huido en masa de los países que han izado la hoz y el martillo. Posiblemente esta sea una de las pocas leyes que no tienen excepción.

La primera ola migratoria de Cuba se produce en 1959, cuando el castrismo entra triunfante en La Habana. Entre noviembre de 1960 y octubre de 1962, en la que se llamó “Operación Peter Pan”, catorce mil niños fueron enviados por sus padres a Estados Unidos, esperando poder reunirse con ellos algún día. En esos años se produjeron “pequeñas” olas migratorias, a partir de la nacionalización de la educación, la sanidad y la industria de 1961, y el goteo constante de embarcaciones de recreo desde el puerto de Camarioca en 1965 –conocido como Éxodo de Camarioca, del cual, debido a su discreta naturaleza, no se tienen demasiados datos-.

Pero el goteo se convirtió en una hemorragia en diciembre de 1965 con los dos aviones diarios desde Varadero a Miami, que se prolongó hasta principios de 1973 y en el que se transportó a 265.297 personas. El nombre de aquel puente aéreo era elocuente; Freedom Flights.

Y luego vino el puente del Mariel, en 1980. Un día, un autobús cargado de aterrorizados y desesperados cubanos se empotró contra la verja del consulado del Perú, buscando asilo político. Los guardias peruanos trataron de impedirlo y uno de ellos murió por un disparo accidental de un compañero. Los peruanos, no obstante, terminaron acogiéndolos, y aun negándose a las presiones del régimen para devolverlos pese a las amenazas de Castro de violar la inmunidad diplomática de la embajada si no accedían. El tirano cumplió con la amenaza y tomó la embajada, pero ocurrió lo que nunca hubiera imaginado.

Diez mil cubanos corrieron hacia el consulado peruano, y la situación escapó completamente al control de Fidel Castro. Entonces, el régimen admitió la derrota y permitió al que quisiera marcharse que lo hiciera en ese momento. Los diez mil se convirtieron en más de 125.000 que, usando la mayoría de veces embarcaciones de recreo, fueron arribando en Miami en los siguientes meses.

“Se calcula que el 15% de los exiliados de los marielitos eran delincuentes”

Pero Fidel Castro pensó que podía obtener un pequeño triunfo de su derrota, y comenzó a vaciar las cárceles de la isla para deshacerse de lo que él mismo declaró “la escoria”. Impuso una cuota a las familias que huían aprovechando el puente marítimo del Mariel de personas que ellos mismos no conocían y que se trataban de delincuentes provenientes de las cárceles y los psiquiátricos cubanos.

Según Tomás Regalado, actual alcalde de Miami y que, en esos años, cubrió el Éxodo del Mariel como reportero, decir que el 15% de los exiliados eran delincuentes es mostrarse conservador. El impacto en Miami fue terrible. El crimen repuntó; las drogas, las armas y la corrupción asolaron la idílica ciudad de Florida. Eran los tiempos que la ficción se encargó de inmortalizar en Corrupción en Miami y El precio del Poder.

La cantante Mia Zapata es el rostro más visible de aquel drama. La joven y prometedora cantante punk fue violada y asesinada por Jesús Mezquía, uno de esos delincuentes cubanos que cruzó el puente del Mariel. Aunque el asesinato tuvo lugar en 1993, fue en 2002 cuando el ADN condujo a su detención. Mezquía era responsable de otra violación.

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Mia Zapata. Cantante asesinada por inmigrante cubano.

El puente del Mariel amenazaba con vaciar literalmente aquel “paraíso del proletario”, hasta que fue destruido desde ambas partes. Por un lado, la inmigración masiva y, sobretodo, el “cargamento” de delincuentes que Castro había, hábilmente, mezclado entre los refugiados, estuvo a punto de provocar una crisis sin precedentes en Estados Unidos –Miami tardó cuatro años en reducir la delincuencia hasta límites más o menos anteriores al Éxodo de Mariel-. La guardia costera estadounidense comenzó a impedir que llegasen más barcos cargados de exiliados, produciéndose escenas realmente dramáticas en las aguas.

Por parte del castrismo también se cerró el puente marítimo del Mariel. Auspiciados por el partido comunista, se comenzaron a organizar los tristemente célebres actos de repudio. Grupos numerosos se arremolinaban ante las casas de aquellos que se sabía tenían intención de abandonar la isla para amenazarlos y arrojarles huevos y basura al grito de “traidores a la revolución”. Lo peor fue cuando se les expulsaban de sus trabajos y se les retiraban la cartilla de racionamiento, condenándoles al hambre –arma de destrucción masiva en los regímenes socialistas-.

Los actos de repudio cesaron cuando el puente del Mariel se cerró definitivamente siete meses después de abrirse. Cuba se convirtió entonces en la prisión que es hoy. Que es Corea del Norte. Que fue la Europa del este, la URSS. Castro entendió, como entendieron sus predecesores, que un país comunista se vaciaría de no convertirse en cárceles.

@eltivipata