La libertad de Podemos

 

antoniobanderasAntonio Banderas abandona un proyecto cultural en su ciudad natal, Málaga, debido a –según dice- continuas críticas por parte de Ahora Málaga (marca blanca de Podemos en la ciudad andaluza) y su correligionario Izquierda Unida Málaga, que han llegado a las descalificaciones personales (señalando expresamente a Ysabel Torralbo, de Málaga Ahora, y Eduardo Zorrilla, de IU).

Si es por razones económicas o por el contenido del proyecto cultural de Banderas, aún no se sabe, pero parece evidente que la izquierda española, cada día más extrema, intolerante y matonil, vuelve a las andadas. No es la primera vez y, ante una derecha acomplejada, que ha rendido las armas al enemigo hace ya mucho tiempo, cediendo la moralidad a una izquierda que siempre ha sido violenta, ignorante y déspota, ni será la última. Una derecha que –sálvese quien pueda- casi tiene que pedir perdón por existir.

Hace poco, Frank Cuesta (Frank de la Jungla) lamentaba la muerte del hijo de una amiga venezolana, enfermo de cáncer, por la ausencia de medicamentos. El presentador y activista recibió la ya clásica oleada de ataques de la izquierda radical. El trincherismo que les caracteriza les impide ver la hipocresía que inunda sus ideas fanáticas. Los mismos que condenan los recortes en España defienden un sistema sanitario (el chavista) que carece de las medicinas más básicas y condenan a muerte a millares de personas que en nuestro país estarían vivas.

frank

Denuncias de amenazas a periodistas (recordemos la APN), empleo de boots en redes sociales y, por si fuera poco, proyectos de ley como el que, hace poco, puso Podemos sobre la mesa, y que fue nombrado “la Ley Mordaza de Podemos”. Se trata de una ley que, de aprobarse, permitiría sanciones administrativas contra comentarios en redes sociales que se juzgaran homofóbicos, así como la retirada de publicaciones y webs, también bajo amenaza de multas. La censura no es, siquiera, lo más grave de este asunto, sino que dichas acciones las lleven a cabo de manera administrativa, esquivando a los jueces. Es decir, un político (o un funcionario nombrado por él) podría multarte por un tweet u obligarte a cerrar un blog.

La gravedad de la propuesta es tal que hasta ha dividido al propio Podemos. Juan Carlos Monedero escribía en un tweet lo siguiente;

hyabki

Claro que, ¿quién podía sospechar que el partido cuyo líder aseveraba en una entrevista que había que eliminar cualquier medio de comunicación privado iba a convertirse en una amenaza para la libertad de expresión?

@eltivipata

Machismo en el paddock

paddock

Azafatas del paddock

El gobierno de Australia del Sur (provincia de Australia) prohibía, por sexista, las azafatas y “paragüeras” de los eventos ciclistas, y tal decisión política ha encendido un debate que llevaba años fraguándose; ¿es machista el trabajado de las azafatas y paragüeras del ciclismo o del motociclismo?, ¿es una prohibición legítima o razonable? ¿debería llegar a los grandes premios españoles?

El feminismo parece tenerlo claro; es un trabajo que cosifica a la mujer, que la reduce a un bonito objeto decorativo y, aún peor, es degradante y humillante. El feminismo actual, movimiento que se arroga la representación de la mujer, obvia sistemáticamente la opinión más importante del debate; la de las propias chicas que ejercen su oficio en los paddocks. Opiniones como la de Irene Gómez, que después de dieciséis años trabajando como azafata en las pistas, dice a las cámaras de La Sexta, con mucha ironía, que se acaba de enterar ahora de que la estaban cosificando.

Claro que muchas feministas podrían argumentar que, mujeres como Irene Gómez, están “alienadas” por la educación machista recibida. Una burda manera de incapacitar a todas las mujeres que contradigan los dogmas marcados y saquen los pies del tiesto. “No eres tú quien decide, sino la educación patriarcal que has recibido, por lo que yo decidiré lo que es bueno para ti, compañera”. Curioso que las mismas que tratan a las azafatas como víctimas de la trata de blancas, ejerciendo en el paddock en contra de su voluntad aunque ellas digan lo contrario (ya sabéis, alienada), sean las mismas que, muy frecuentemente, ponen el grito en el cielo cuando se debate la prohibición del hijab. Es decir, que mientras las azafatas están “forzadas” a ser “mujeres floreros” en el paddock, las mujeres musulmanas están libres de toda sospecha de imposición en su indumentaria.

individua

Curioso también de un movimiento que reivindica constantemente la figura femenina, y que defiende movimientos como el “body positive” (en el que mujeres con cuerpos que “no cumplen con los cánones estéticos habituales” se muestran, a menudo, desnudas o con escasa ropa), ponga el grito en el cielo ante la desnudez de la mujer cuando esta tiene medidas de 90-60-90. Es decir, la desnudez femenina se convierte en una “actitud positiva” y en un “grito de libertad” si la chica en cuestión tiene sobrepeso, pero “cosifica” a las mujeres y “perpetúa el machismo” si la chica en cuestión es atractiva.

Pero, ¿cuál es el fondo de este debate? No es otra cosa que la defensa de la libertad individual sobre la ficción que los liberticidas llaman “bien común” o “voluntad popular”. Debemos saber que no existe tal cosa como una “voluntad popular” en tanto que la sociedad está compuesta por individuos con intereses particulares. Pero, ni siquiera de existir, significaría necesariamente que son ellos los que han sabido interpretarla.

Es aquí donde apreciamos que el marxismo y sus derivados son tremendamente parecidos a la religión de la que ellos abominan. Donde la “voluntad popular” o el mismo concepto de “pueblo” es Dios, y ellos son la Iglesia; los únicos que están en comunión con él y saben interpretarlo. Así, si los antiguos cruzados decían aquello de “es la voluntad de Dios” o “Dios lo quiere”, la iglesia marxista dice “es la voluntad del pueblo”, “el pueblo lo quiere”.

@eltivipata

Terrorismo machista

Entrada (1)

 

Las comparaciones son odiosas. Aún más cuando las dos cosas que examinamos para establecer relaciones son completamente distintas. Cuando expresé lo desafortunado de la comparación de Antonio Maestre –un tipo que, por lo general, no se caracteriza por su lucidez y sentido común- llegó a mí la habitual horda de trolls tuiteros que, como viene siendo habitual, entraban continuamente en contradicciones propias de quienes no reflexionan habitualmente y/o en profundidad. Veamos:

Si hacemos un primer análisis completamente aséptico del tweet de Antonio Maestre vemos que nos ofrece dos cifras similares de muertos y nos señala el tiempo que se tardó en alcanzarse una y otra. La primera, víctimas de lo que él define como “terrorismo machista” (866), desde 2003 (en los últimos catorce años, en el momento en que se publica el presente artículo). La segunda, víctimas del terrorismo de ETA (829), desde 1968 (en los cuarenta años de actividad de la banda).

¿Con qué fin presenta estas dos cifras análogas, acompañadas de los años que precisó alcanzarlas? Si su intención es expresar que las primeras (las víctimas de violencia de pareja) no tienen la misma “visibilidad” y consideración que las segundas (las de ETA) pese a que son más numerosas, es que da por hecho que, o bien las primeras deberían “visibilizarse” más o, tal vez, las segundas deberían dejar de estar “tan presentes” en los medios. Seamos bienintencionados y supongamos que lo que pide es lo primero (más atención hacia las víctimas de la violencia en pareja y no menos atención hacia las víctimas de ETA). Cabe preguntarse ahora, ¿es cierto que las víctimas de violencia en pareja no tienen “visibilidad” ni consideración en los medios?

Lo cierto es que la violencia hacia la mujer es, con mucho, la que mayor atención recibe de los medios, que informan de todos y cada uno de los casos, a veces, cometiendo graves errores de precipitación, como en el caso de la familia hallada muerta en Gibraltar en abril de 2015 (que se atribuyó al marido y que, una investigación posterior, reveló que fue la mujer quien asesinó a sus hijas y a su pareja, que murió tratando de defenderlas) o el caso del padre y su hija encontrados asesinados en Almonte en 2013 (se informó, inicialmente, que había sido un parricidio por venganza cuando, algún tiempo después, se condenó a un tercero por el asesinato de ambos). Y no sólo de los medios. La concienciación social es tal, que España se halla entre los países con menos víctimas en este tipo de violencia (3,6 asesinadas por millón frente a las aproximadamente 6 de la media europea, esto es, casi la mitad).

CARMEN MONTON

crimengibraltar

Seamos algo más suspicaces y supongamos que, además, en el tweet se critica la “sobre-atención” hacia las víctimas de ETA. No sería tan descabellado, porque la extrema izquierda denuncia continuamente una “utilización de las víctimas de ETA con fines políticos”, generalmente por parte de los partidos de la derecha española. Es curioso que sostengan que los derechistas usan a las víctimas de ETA con “fines políticos” pero los izquierdistas estén libres de toda sospecha de utilizar con los mismos abyectos fines a las víctimas de violencia de género. Y, además, no te atrevas siquiera a insinuarlo…

Imaginemos, además, que respondemos a Maestre siguiendo su mismo ejemplo, y publicamos un tweet así:

866 mujeres asesinadas en los últimos catorce años. 917 personas en general asesinadas en los últimos tres años”.

¿Creéis que el propio Maestre no se rasgaría las vestiduras y clamaría que “es inadmisible comparar unos casos y otros”?

@eltivipata

Cassandra Vera

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La izquierda ha encontrado a una nueva heroína para engrosar su particular y nefasto martirologio. En este caso se trata de una twittera murciana a la que la Audiencia Nacional ha condenado por trece polémicos tweets en el que se burlaba del atentado que acabó con Carrero Blanco. Diré (y volveré a decirlo a lo largo del artículo) que encuentro excesiva la condena, y que nadie debería ir a la cárcel por escribir tweets, independientemente del grado de repugnancia de los mismos. La libertad es algo valioso que exige razones más poderosas para que sea cercenada.

Ahora bien, aclaremos algunas imprecisiones que se han extendido por Twitter –lugar donde nació la polémica y donde más se ha discutido-. En primer lugar, no se ha condenado a Cassandra Vera por hacer chistes de Carrero Blanco en sí –en Twitter se han hecho chistes sobre Marta del Castillo, las niñas de Alcácer o Rita Barberá el mismo día de su muerte y no han acabado juzgándose en la Audiencia Nacional-, sino porque dicho tribunal ha juzgado que humillaban a las víctimas de terrorismo. Así, no se le ha condenado por otros tweets que, a mi juicio, son mucho más desagradables, como aquel en el que deseaba la muerte de Cristina Cifuentes cuando ésta se hallaba en la UCI después de un gravísimo accidente de moto, sino por los chistes donde se burlaba de una víctima de ETA. “Pero Carrero Blanco no era Miguel Ángel Blanco, precisamente”, dirán algunos. Pues, qué queréis que os diga, no haré -como hacen muchos- eso de decir que ETA era buena cuando asesinó a Carrero Blanco y mala cuando atentó contra la cafetería Rolando. ETA siempre fue mala, fuera cual fuese su víctima –sí, también cuando su víctima era otro etarra, como en el caso de Yoyes-.

En segundo lugar, el caso de Cassandra ha reavivado el eterno victimismo izquierdista. La persecución implacable que el sistema de estas democracias –más o menos- liberales les someten. Es falso que Cassandra Vera o César Strawberry hayan sido los únicos condenados por poner tweets repugnantes. Un tuitero ya fue condenado a dos años de cárcel por apología de la violencia machista –éste, a diferencia de Cassandra, sí que visitará Villa Candado-. Huelga decir que la izquierda que tanto defiende el “derecho a ofender” no se rasgó las vestiduras ni mostró apoyo al repugnante tuitero mencionado.

Así que, tan cierto es que la condena me parece excesiva, como falso que se le haya condenado por reírse de la dictadura franquista, o que exista ninguna persecución al “humor negro” de la izquierda tuitera, o que sólo se haya condenado a gente como Cassandra o Strawberry. Tampoco es cierto que los que la defiendan sean adalides del “derecho a ofender” cuando escracheaban e impedían ponencias de Rosa Díez o Felipe González en las universidades o apedreaban el autobús de HazteOír. Si queremos debatir, hagámoslo con honestidad intelectual.

@eltivipata

No hay nadie más tonto que un trabajador de derechas

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Te lo ha dicho tu amigo, o tu compañero de trabajo, o tu cuñado, sentado a la barra del bar. Lo dice con suma convicción. Con esa certeza que es impermeable a cualquier crítica. Para ellos es un hecho sabido y consabido que la izquierda representa y protege los intereses de los trabajadores, y que a la derecha sólo la votan los grandes empresarios, los caciques explotadores, los banqueros, los ricos… Y los tontos, claro. Porque de todas las clases de tontos, y los hay de muchos tipos, ninguno es tan tonto como el trabajador que vota a la derecha.

Es una máxima tan extendida que es posible que la hayas oído alguna vez. O más de una. Pero lo peor no es cuando lo dice tu amigo, o tu compañero de trabajo, o tu cuñado –al que ya conoces y sabes que es un inveterado imbécil-. Lo peor es cuando lo dice un líder político como Alberto Garzón –que es otro inveterado imbécil pero, a diferencia del anterior, éste goza de un salario inapropiado para alguien con sus capacidades y que, además, pagas tú. Porque sí, Alberto Garzón también se suma a esa máxima. No lo dice con esas palabras concretas, claro, pero no es difícil ver la misma idea bajo la sutileza de sus comentarios.

Concretamente, el líder de Izquierda Unida, ahora mascota de Pablo Iglesias, se quejaba de que los votantes de la izquierda se compone de gente con estudios medios o superiores y de clase media o media-alta, y que les cuesta atraer para sí el voto de los trabajadores humildes y parados, a los que, se supone, se dirige el discurso socialista. A este respecto aseguró que “la izquierda no puede pretender ir a la cola del INEM, usar un lenguaje tan académico como el que usamos porque no nos entienden.” Una idea que, además de falsa, rezuma un repugnante tufo de clasismo –paradójico de alguien que profesa una ideología que pretende abolir las clases sociales-.

En algo tiene razón. La izquierda suele reunir más a las personas con estudios superiores –que no, necesariamente, más inteligentes-. Son una infestación en la mayoría de las universidades. También a jóvenes estudiantes que aún no han entrado en el mundo laboral, gente de la docencia y, prácticamente, todos los artistas, actores y gente de la culturilla. Pero, ¿por qué no convencen a los trabajadores? Con que sólo tuviera la inteligencia justa para respirar y andar sin tropezarse, Garzón se daría cuenta de que faltar al respeto a la gente no es la mejor manera de captar votos. Si, además, tuviera la sapiencia suficiente para enumerar del uno al diez con menos de seis errores, podría hacer autocrítica más allá de aseverar que los trabajadores no le votan porque son idiotas y ellos, demasiado cultos. El problema para la izquierda no es que los trabajadores no sepan qué es la izquierda. El problema para la izquierda es, precisamente, que no son tan tontos como la izquierda quisiera.

Imaginemos a Paco, que se levanta cada día a las cinco de la madrugada para hacer el reparto. Le dices que lo que hay que hacer es aumentar hasta el infinito el gasto público para aumentar el tamaño de un Estado que no genera riqueza –y que, de hecho, se la quita-. Le dices que ese incremento del gasto público sólo lo va a sufragar los ricos, pero terminas subiendo el impuesto sobre las propiedades –y Paco tiene una-, sobre los planes de pensión privados –Paco, como el 18% de la población activa, tiene uno-, a las transacciones financieras –cosa que hacemos todos, y no sólo Amancio Ortega-, así como sucesiones y donaciones. Le dices que vas a subsidiar al que no produce nada –no creo que eso le sienta muy bien a un tipo que llega a casa después de doce horas en el camión-. Y si te quejas, todavía te llama insolidario. Subsidios a desempleados que, encima, son más cuando ellos mandan –el sur de Andalucía tiene tasas de paro superiores al 30%, sólo comparables a países tercermundistas-. Distribución de la riqueza –tu riqueza- que tiene como único propósito subsidiar y clientelizar a millones de personas para que dependan del Estado y así le mantengan confiscado sus votos elección tras elección. Sistema perverso y tan refinado, que termina manteniéndolo la propia víctima.

No, Alberto Garzón, no hay más tonto que un trabajador de izquierdas.

@eltivipata

La estiba, Franco, la División Azul y el hotel neoyorquino

puertoalgeciras

Puerto de Algecíras

Con los votos en contra de PSOE y Podemos (y la abstención de Ciudadanos), se tumbaba la necesaria e inaplazable reforma de la estiba. La izquierda se ha vuelto a posicionar contra los trabajadores, como es habitual desde sus más remotos orígenes, por más que cínicamente se arrogue su defensa. En este caso concreto, se ha opuesto frontalmente a la inmensa mayoría de los ciudadanos para proteger los privilegios de una reducida casta de apenas seis mil trabajadores, con sueldos y condiciones laborales que distan mucho, no ya de los sueldos y condiciones laborales del trabajador promedio de España, sino de países mucho más prósperos. Privilegios que, paradójicamente, vienen del ministro franquista Girón de Velasco, heredados estos de padres a hijos como de si de una genuina casta aristocrática se tratara.

podemosestiba

La izquierda ya no sólo defiende –en una disparatada carambola de la historia- los privilegios concedidos a los voluntarios de la División Azul que lucharon, codo con codo con el nacionalsocialismo, en la Segunda Guerra Mundial, sino que –como viene siendo paradójicamente frecuente-, defiende un sector que niega la entrada y participación de la mujer. Podemos vuelve a convertir el feminismo en una espantajada consistente en llevar brazaletes morados al Congreso al tiempo que ignora a las mujeres, anteponiendo sus intereses políticos o ideológicos particulares a sus legítimas demandas. Pero qué bien queda decir eso de “estar comprometidos con la igualdad”.

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¿Y quién sufre la indecencia de los partidos de los trabajadores? Los trabajadores, claro. No el sector ultra-minoritario de la estiba, por supuesto, sino la gran mayoría. Los que acarrearán con los 23 millones de euros que España acumula ya desde Bruselas por retrasar la liberalización de la estiba, más los 134.000 euros que se suman día tras día. Añadiendo los 18.000 empleos que podrían crearse y los 2.400 millones de euros al año en que se elevaría el PIB.

caradurapodemita

El caso más paradigmático de todo este engrudo es el de las diputadas podemitas que se vieron importunadas por la votación de la reforma de la estiba, al hallarse en esos momentos en un hotel de Nueva York de 250 euros la noche. Al ser entrevistadas, manifestaron haber sufrido estrés al tener que coger de manera tan precipitada un vuelo –en business, claro- para votar –por supuesto- el mantenimiento de las prebendas de otra casta privilegiada.

@eltivipata

Otro déjà vu

 

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Miren Gaztañaga

Y otro déjà vu. Profesional del cine que, en un alarde de originalidad progre, insulta a su público potencial, que jura boicotear cualquier trabajo del susodicho –boicoteo por completo innecesario, teniendo en cuenta que hasta esta mañana, ni yo ni –probablemente- la mayoría, conocía la existencia misma de la cinta estrenada-. Ayer fue Fernando Trueba y hoy es Miren Gaztañaga. La actriz aparecía en un programa de “humor” de la televisión vasca llamando paletos y “culturalmente atrasados” a los españoles.

Se podría considerar un acto repugnante de supremacismo si no fuera porque viene de un pueblo cuya máxima aportación cultural a España y al mundo es un baile de saltitos, el levantamiento de piedras grandotas y cortes de pelo ofensivos para quien tenga un mínimo de sensibilidad estética. No te ofendas, lector, que estoy de coña. ¿Ves? Esto es humor. Lo del programa de ETB (en el que participa la susodicha) no es una crítica social, cultural o política a un país a través del humor. No hay parodia, chistes ni sketches. Sólo una sucesión de hintelestuales de la “kultura” vomitando bilis en un butacón. Un minuto de odio orwelliano.

Demasiado soberbios para tener una mancha negra en su historia más reciente, que debería avergonzarlos durante tres generaciones. Porque sí, es injusto decir que todos los vascos sean terroristas (máxime cuando gran parte de las víctimas de ETA fueron vascos, así como muchos de los amenazados, secuestrados, extorsionados por el “impuesto revolucionario” u obligados al exilio), pero también es innegable la responsabilidad que tiene el pueblo vasco en los años del plomo y la sangre. ¿Injusto? ¿Acaso no apelamos a la responsabilidad del pueblo alemán por los años de locura del nazismo?

Pero no me quiero poner lúgubre en este artículo. Miren Gaztañaga ha hablado exactamente igual como hablaría un imbécil, y sus defensores han salido con lo de “los españoles le dan la razón con sus burdos argumentos”. Como si los argumentos de la actriz para insultar a los españoles fuesen incontestables y tuviésemos que recurrir a Séneca para rebatirlos. Aunque ahora, cuando su película fracase (que lo hará), Miren siempre podrá argüir que fue por el boicot de los fachas reaccionarios, y no porque nadie sabía de su existencia ni la de su película, hasta que fue tendencia por imbécil.

@eltivipata

Entrevista a Pablo Iglesias

pablito

He conseguido en exclusiva una entrevista con -nada más y nada menos- Pablo Iglesias, líder de Podemos.

José Tivi- Buenos días, señor Iglesias. Es un placer tenerle aquí.

Pablo Iglesias- El placer es mío. Ser Pablo Iglesias es un placer continuo. ¿Sabes cuál es mi secreto?

J. T.- Mmmm, no…

P. I.- Camomila y miel de flores. Me deja el cabello sedoso y nada de puntas abiertas. Mira, mira (me ofrece su coleta para que la toque). ¿Qué sientes?

J. T.- Está sedoso, sí.

P. I.- No, me refiero a qué sientes tú por tocar el pelo de persona de una posición socioeconómica superior siendo un lumpen.

J. T.- A ver, señor Iglesias, no creo que eso sea propio de alguien que lucha por un mundo sin clases sociales…

P. I.- Ahora que sacas el tema de la lucha de clases. ¡Ya basta que la casta use sus privilegios para…!

J. T.- Si me disculpa retomaremos ese tema un poco más adelante. Me gustaría preguntarle ahora por el polémico nombramiento de su pareja sentimental, Irene Montero, como portavoz del partido…

P. I.- No, la verdad es que muy espabilada no es, pero en la cama no hay color con Tania Sánchez. Entre tú y yo, ¿sabes qué es el nudo turco? Irene sí…

J. T.- ¿Me está diciendo que la has nombrado portavoz porque en la cama…? ¿Eso no es un pelín machista?

P. I.- Sólo si no eres Pablo Iglesias. A mí las feministas me lo perdonan todo. Un ejemplo; ¿sabes cuándo una mujer irá a la Luna? ¡Cuando haya que barrerla! (Ríe descontroladamente) Venga va, ahora tú.

J. T.- Es que a mí esos chistes…

P. I.- ¡No! Si es sólo por probar.

J. T.- Bueno, a ver… ¿Qué tiene una mujer una vez al mes y le dura tres o cuatro días? El sueldo del marido.

(Un grupo de feministas irrumpe en la sala y me lanzan cosas al grito de “machista, estás en nuestra lista”)

P. I.- ¿Ves? Es un chollo. Sólo atacan a “los de arriba”

J. T.- ¿A “los de arriba”? ¿Se refiere a la casta?

P. I.- ¿Casta? No, “los de arriba”. Casta es una palabra que ya no utilizo.

J. T.- Pero la acaba de usar antes, al comienzo de la entrevista…

P. I.- Ya, pero nuestros términos caducan a los pocos minutos.

J. T.- Bueno… ¿qué opina de la situación actual y de que “los de arriba” hayan…?

P. I.- Oligarquía.

J. T.- ¿Perdón?

P. I.- Ya no son “los de arriba”, ahora son la oligarquía.

J. T.- Hablemos mejor de la polémica lucha por el poder entre usted e Íñigo Errejón.

P. I.- ¿Quién?

J. T.- Íñigo Errejón, el que era su segundo.

P. I.- No me suena de nada.

J. T.- Sí, Errejón. Con gafitas, cara de niño…

P. I.- No conozco a nadie con ese nombre. En nuestros archivos no encontrarás nada que haga referencia a ese tal Iñaki Errejón o cómo se llame. Pero no mires en las papeleras, a no ser que Milton ya las haya cambiado todas. Pregunta antes a Bescansa, por si acaso. No, a Bescansa no, tampoco existe. A Monedero.

J. T.- ¿Se está quedando conmigo?

P. I.- No me gusta ese tono, jovencito. ¡Te voy a purgar!

J. T.- Perdone, señor Iglesias, pero yo no milito en su partido.

P. I.- ¡Ah! Es verdad, puedes continuar…

J. T.- No sé, ¿eh? Pero a mí me da que no os diferenciáis mucho de las oligarquías…

P. I.- Élites. Se llaman “élites”.

J. T.- ¿Élites?

P. I.- Sí, ¿no? ¿Clases privilegiadas, mejor? ¿Poderes económicos? No sé, tengo que pensarlo.

J. T.- Una última pregunta para acabar, ¿Alberto Garzón no está un poco…?

P. I.- ¡Oh, Alberto! ¡Qué bien le sale la tortilla con cebollita! Mmmm…

J. T.- ¿Perdón? ¿Me está diciendo que sólo está con Garzón por su tortilla?

P. I.- ¡No, hombre! ¿Te lo habías creído? También me hace la colada, plancha, hace los baños…

J. T.- Bueno, esto ha sido todo, señor Iglesias, gracias por la entrevista.

P. I.- ¡De nada! Me caes bien para ser un lumpen.

J. T.- Ya… gracias…

@eltivipata

Un problema de machismo

 

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Irene Montero, decir que el cargo que ocupas se debe a tu relación con el líder (amado líder) Pablo Iglesias no es machismo. Y si es machismo, sería como reconocer que tu líder, lejos de toda sospecha de ser un machirulo como esos que sólo están en la derecha, lo es cuando dijo eso mismo de Ana Botella en primetime. No, machismo es, paradójicamente, la cobarde estrategia de usar el machismo como parapeto para repeler o esquivar cualquier crítica que hagan contra ti.

Por supuesto tu líder tiene patente de corso. Como cuando dijo que había que hacer política masculina, mucho antes de que dijera, con buena dosis de cinismo, que había que feminizar Podemos. Como cuando dijo que las mujeres de Podemos debían asumir un rol maternal de cuidadoras y consejeras. Como cuando dijo que le gustaría azotar hasta hacerla sangrar a cierta periodista. Como cuando llegó al Consejo Ciudadano del partido un agresor sexual de niñas… pero qué mal ese comentario que dijo ese alcalde (pepero, claro) de Alcorcón sobre las “feminazis”. Multitud de reacciones de “empoderamiento” femenino contra ese edil opresor.

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Irene Montero, machistas no son los que dicen que has salido profesionalmente beneficiada de tu relación con Pablo Iglesias. Machismo es querer que las críticas no te rocen usando tu sexo como salvoconducto. Machismo –o sería más preciso decir indecencia– es la de las asociaciones feministas que atizan a los políticos no por el machismo que puedan desprender, sino por su filiación política. Que protegen a los machistas de izquierdas porque saben que pueden obtener gratificaciones en forma de aparición en el BOE.

Si machista es decir que tienes la personalidad de una maceta y la misma preparación profesional para ocupar un cargo de responsabilidad que Bob Esponja entonces sí que tenemos un problema de machismo.

@eltivipata

Una España sin fronteras, una utopía.

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La inmigración (y, particularmente, las políticas que buscan impedirla, restringirla o permitirla) han sido siempre objeto de encendido debate. Debate que la llegada de Trump a la Casa Blanca ha avivado con sus soberbias pretensiones de levantar un muro que recorra los más de tres mil kilómetros de frontera méxico-estadounidense o sus polémicas amenazas de deportación de musulmanes.

En el caso que nos atañe encontramos dos posturas principales; los que consideran que se deben mantener políticas de frontera, en la cuál los inmigrantes deben cumplir una serie de requisitos (que algunos consideran laxos y otros excesivamente restrictivos) para poder entrar en territorio español y permanecer en él, y los que creen que toda frontera es mala y hay que derribarla.

Curiosamente, la izquierda radical y un sector amplio del liberalismo (opciones ambas que, por lo general, suelen discrepar en todo) son partidarios de un mundo sin fronteras (aunque por distintas razones). Los primeros porque creen que el capitalismo es el causante de la miseria de la que huyen los inmigrantes y, por tanto, tenemos la obligación moral de ayudarlos (lo que, paradójicamente, podría acercarse al etnocentrismo del que tanto abominan). Los segundos porque defienden un mundo globalizado por el que deben circular libremente mercancías y personas, y cualquier política arancelaria o migratoria supondría una disminución de las libertades de los individuos. En cualquier caso, enfrente tienen a un grupo heterogéneo de personas que se oponen a la desaparición de las fronteras y consideran necesario que se regule la entrada de inmigrantes.

¿Por qué yo, considerándome liberal (pese a que más de un purista me retirará el carné después de leer este artículo), defiendo la existencia de fronteras y una conveniente regulación de circulación? En primer lugar porque no sigo el criterio de si una España sin fronteras es deseable o no, sino si es sostenible o no.

Un argumento clásico de quienes apoyan la libertad de circulación es que Estados Unidos, que tuvo políticas migratorias realmente laxas en el siglo XIX y principios del XX, terminó convirtiéndose en el país más próspero del planeta gracias a ello. Nación levantada por inmigrantes en busca del sueño americano. Sin embargo hay que poner esto en contexto…

Es cierto que Estados Unidos recibió una marea de irlandeses, italianos, polacos, chinos, etc, que contribuyó decisivamente al éxito mundial de Norteamérica, como también es cierto que no existía entonces ninguna clase de subsidios, programas de viviendas sociales, o el llamado Estado de bienestar (por ejemplo, sanidad pública), de tal modo que un recién llegado debía encontrar trabajo pronto si quería comer, pagar por un techo o costearse el tratamiento médico si enfermaba. Dicho de manera simplificada, los inmigrantes llegaban a la isla Ellis, pasaban un reconocimiento (para evitar epidemias de viruelas u otras enfermedades) y luego eran “soltados” en el país sin ninguna clase de asistencia estatal sufragada por los contribuyentes americanos.

Para que España pudiera convertirse en un país “sin fronteras” como lo fue Estados Unidos tendría necesariamente que emular a Estados Unidos también en la parte menos “romántica” del sueño americano.

¿Una España sin fronteras que, además, ofreciera subsidios o rentas (aún sanidad pública) a un par de millones de nuevos residentes? Teniendo en cuenta que el Gobierno ya gasta 90.000 millones de euros más de los que recauda al año y que, en palabras del economista Juan R. Rallo, en el país hay un pensionista por cada dos contribuyentes (y que, en no muchos años, esa ecuación puede revertirse), es sencillamente insostenible incluso a corto plazo. Para que pudiera sostenerse se debería eliminar cualquier ayuda estatal (incluso sanitaria) a todo residente extranjero no contribuyente.

Esto conduciría a un segundo debate; la flexibilidad laboral. España cuenta con una de las regulaciones más rígida en materia de contratación laboral. Esta es una de las causas (seguramente la principal) de que nuestro país cuente con una bolsa de desempleados de entorno al 20%, que no es un efecto de la crisis actual, en tanto a que, en la boyante época de la burbuja, ya teníamos cifras que se acercaban al 10%. ¿Alguien cree que un joven iraquí de veinte años sin experiencia laboral demostrable y que, seguramente, ni siquiera hable castellano, tendrá facilidad para encontrar trabajo en un país que arrastra cifras tan elevadas de desempleo, agravado por un incremento inmediato y elevadísimo de la población activa? De encontrar trabajo muy posiblemente sería irregular y, por tanto, no cotizaría a la Seguridad Social (insisto en que, en un mercado tan rígidamente regulado, no tendría facilidad para ser contratado legalmente).

El debate se trasladaría entonces al terreno de la ética. ¿Acaso es ético tener una masa de residentes que no tendrían acceso a los servicios más básicos de un Estado del bienestar? En mi opinión sería indecente. De tal manera que el coste de tener dos millones (sino más) de residentes con plenos derechos sería un coste sencillamente inasumible, y tener dos millones (sino más) de residentes sin derechos a los servicios garantizados en un Estado del bienestar sería sencillamente inhumano.

¿La solución? No creo en soluciones milagrosas, pero algo que se le aproximaría sería fomentar la expansión del capitalismo de libre mercado por los países emisores de inmigración, porque nadie abandona su país si tiene oportunidad de progresar en él.

@eltivipata