Ylenia Padilla; la sucesora de Clara Campoamor

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El feminismo está a tope. Si iban sobradas de intelectuales mazo listas como Irantzu Varela o Barbijaputa, ahora se les ha unido mi ídola Ylenia. Sí, la que rompía tarimas en Gandía Shore, y que luego participó en la movida esa de GH VIP. También está muy compremetida… comprimitida… compri… está muy en contra del cambio climático y muy a favor de los árboles, los bichos y toda esa movida. Lo demuestra este tweet;

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Sí, los océanos son los pulmones del planeta, por eso hay que cuidarlos mazo, nano. Vale que ella no ha estudiado ninguna carrera de esas que tienen los empollones y los gafitas esos, pero ha estudiado en la más importante de todas; la universidad de la vida. Eso hace que sea más inteligente que el Albert Frankenstein. Por eso, ahora que es feminista, todo va a cambiar, y tetes y tetas vamos a poder ir a los botellones en igualdad. Menos los feos y las gordas.

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Como Ylenia es policefítica, ha hecho un mogollón de movidas. Sacó una canción y lo rompió, y ahora escribe tweets feministas que van a prender fuegote al machismo como éste;

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A ver si Ylenia puede expulsar el machismo de España como expulsó a esa guarra de la casa de Gandía Shore con un insecticida. Porque eso sí, Ylenia defiende a todas las mujeres menos a las pelandruscas. Como dijo en el GH VIP a Olvido Hormigos; “prefiero ser vulgar a ser lo que tú eres, promiscua”. Que no sé muy bien que es eso pero suena como a zorra.

También se enfrenta a esos de la RAE, que son los que se encargan de hacer los diccionarios y decirnos cómo tenemos que hablar, o algo así. Son ellos los que están detrás del machismo, así que si le damos caña se acaba el problema. Puta vida. Es que me enciendo. Menos mal que muchos le apoyan y ella les hace retweet, como en este caso;

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No sé muy bien quienes son María Moliner o Pardo Bazán, pero me da que son escritoras o algo, y la Rosa Chacel esa me suena de GH 4, pero no estoy segura. El caso es que el machismo tiene los días contados, nano. ¡Feminismo máximo!

@eltivipata

Vender una máquina de escribir en la era digital

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Marcos de Quinto. Ex responsable de márketing de CocaCola

Marcos de Quinto sabe cómo hacerlo. “No hay que hablar demasiado de tu producto sino hablar mucho, y muy mal, del producto de la competencia. Hablar de ordenadores que se cuelgan, tienen virus o son hackeados”. Marcos de Quinto fue vicepresidente ejecutivo de Coca-Cola y responsable mundial de marketing de la mayor empresa de bebidas refrescantes del planeta, por lo que algo sabe del tema.

Es lo que hace el socialismo del siglo XXI en general, y Podemos en particular. Desde que Pablo Iglesias y sus camaradas saltaran a la escena política en 2011, han seguido a rajatabla esta estrategia de marketing, con la que han cosechado no pocos frutos. Porque de economía nunca han tenido ni puñetera idea (desde Marx, que habló mucho del tema siendo un analfabeto funcional en esa materia hasta sus bisnietos ideológicos, en la actualidad), pero es de justicia reconocer que han sido siempre unos publicistas cojonudos.

Pablo Iglesias basó la estrategia de marketing de los primeros años de la formación morada (que coincidieron con los años más duros de la crisis) en la crítica continua a los partidos de la competencia; paro, corrupción, recortes, puertas giratorias, etc. Pero nadie que hubiese conocido su trayectoria anterior como tertuliano (donde era mucho más sincero) habría sabido decir qué modelo político traía para confrontar el existente, que tanto le disgustaba. Se sentía cómodo instalado en la crítica del oponente, pero no tanto a la hora de hablar de sus referencias políticas. Por supuesto no hablaba de chavismo, tildó su declaración como comunista de filias de juventud, pese a que habían tenido lugar apenas meses antes, y se proclamó socialdemócrata al estilo nórdico.

Desde que cayera la URSS y China se abriera al mercado internacional, y el comunismo pasara de aglutinar a casi dos tercios de la población mundial a quedar reducido a Cuba y Corea del Norte, ser comunista se convirtió en una máquina de escribir en plena era digital; es decir, se convirtió en algo obsoleto.

La nueva estrategia no es ensalzar el comunismo, suficientemente desprestigiado tras un siglo de hambrunas, genocidios de clases sociales, persecución política y tiranías, sino atacar al capitalismo, incluso aquellas partes de él, que tienen poco que ver con el mercado y más con el estatismo, como las prácticas del Banco Central Europeo, o las mismas puertas giratorias. Podemos ha conseguido colarnos su obsoleta máquina de escribir cuando deberíamos estar comprando ordenadores para dejar atrás definitivamente el sangriento pasado de los totalitarismos del siglo XX.

@eltivipata

LGTB, Che Guevara y Fidel Castro. La extraña relación

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Caras de Ernesto Che Guevara en camisetas en manifestaciones LGTB. La icónica fotografía de Korda, con los colores de la bandera arcoíris de los movimientos de gays y lesbianas, en cientos de personas a las que el propio Che habría confinado en una mazmorra del antiguo fuerte español de La Cabaña, y sometido a la humillante “reeducación” del régimen cubano, en el mejor de los casos, o enfrentado al paredón y al olvido, en el peor. –Nos decían que el trabajo forzado nos haría hombres-, relata uno de los gays que sí tuvieron suerte.

En la izquierda, al otro lado de los que directamente niegan lo que está demostrado más allá de toda duda, están los que admiten que el Che era homófobo, pero no más que cualquier otro hombre de su tiempo y que, por tanto, es un juicio injusto el que se le hace desde la mirada de un hombre actual. Sí, cualquier hombre de la generación del Che podía ser homófobo, pero eso es tan cierto como que no todos los líderes mundiales de la década de los sesenta se dedicaron a “reeducar” homosexuales.

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Tras las purgas ideológicas, juicios revolucionarios y centenares de fusilamientos que marcaron los primeros años posteriores a la toma de La Habana, la siguiente fase del plan depurador del dictador cubano tuvo como objetivo “reeducar” a los disidentes sexuales, considerados una amenaza para la organización de una sociedad en la que emergería el hombre nuevo, aquel individuo verdaderamente emancipado de las garras del capitalismo según la teoría marxista.

De hecho, una persona nacida tan solo tres años antes –y, por tanto, de su misma generación-, despenalizó la homosexualidad en Reino Unido. Incluso nombró al Conde de Avon –reconocido homosexual- Subsecretario de Medio Ambiente primero, y de Energía después. Los colectivos LGTB, siervos como la mayoría de colectivos “pro-algo” del marxismo cultural, denostaron su imagen e, incluso, la llegaron a convertir en un icono antigay. ¿La razón? No perdonaron jamás a Margaret Tatcher que ella –y su colega estadounidense Ronald Reagan- acabaran con el horror orwelliano de la URSS, en el que, por cierto, ser gay seguía siendo, en esas fechas, objeto de discriminación. Tampoco gritaron alabanzas al Primer Ministro David Cameron, el derechista que aprobó el matrimonio gay en el mismo país.

David Cameron: “Apoyo el matrimonio gay por ser conservador”

El primer ministro británico ha reiterado su apoyo al matrimonio gay desde sus posiciones políticas.

No es ni el único, ni el primero, ni será el último caso. ¿Otro ejemplo? El voto en contra del icono feminista de izquierdas Victoria Kent, que votó contra el sufragio femenino porque las mujeres de su tiempo no eran “suficientemente de izquierdas”. Colectivos todos ellos que confunden el proteger con el utilizar.

@eltivipata

La libertad de Podemos

 

antoniobanderasAntonio Banderas abandona un proyecto cultural en su ciudad natal, Málaga, debido a –según dice- continuas críticas por parte de Ahora Málaga (marca blanca de Podemos en la ciudad andaluza) y su correligionario Izquierda Unida Málaga, que han llegado a las descalificaciones personales (señalando expresamente a Ysabel Torralbo, de Málaga Ahora, y Eduardo Zorrilla, de IU).

Si es por razones económicas o por el contenido del proyecto cultural de Banderas, aún no se sabe, pero parece evidente que la izquierda española, cada día más extrema, intolerante y matonil, vuelve a las andadas. No es la primera vez y, ante una derecha acomplejada, que ha rendido las armas al enemigo hace ya mucho tiempo, cediendo la moralidad a una izquierda que siempre ha sido violenta, ignorante y déspota, ni será la última. Una derecha que –sálvese quien pueda- casi tiene que pedir perdón por existir.

Hace poco, Frank Cuesta (Frank de la Jungla) lamentaba la muerte del hijo de una amiga venezolana, enfermo de cáncer, por la ausencia de medicamentos. El presentador y activista recibió la ya clásica oleada de ataques de la izquierda radical. El trincherismo que les caracteriza les impide ver la hipocresía que inunda sus ideas fanáticas. Los mismos que condenan los recortes en España defienden un sistema sanitario (el chavista) que carece de las medicinas más básicas y condenan a muerte a millares de personas que en nuestro país estarían vivas.

frank

Denuncias de amenazas a periodistas (recordemos la APN), empleo de boots en redes sociales y, por si fuera poco, proyectos de ley como el que, hace poco, puso Podemos sobre la mesa, y que fue nombrado “la Ley Mordaza de Podemos”. Se trata de una ley que, de aprobarse, permitiría sanciones administrativas contra comentarios en redes sociales que se juzgaran homofóbicos, así como la retirada de publicaciones y webs, también bajo amenaza de multas. La censura no es, siquiera, lo más grave de este asunto, sino que dichas acciones las lleven a cabo de manera administrativa, esquivando a los jueces. Es decir, un político (o un funcionario nombrado por él) podría multarte por un tweet u obligarte a cerrar un blog.

La gravedad de la propuesta es tal que hasta ha dividido al propio Podemos. Juan Carlos Monedero escribía en un tweet lo siguiente;

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Claro que, ¿quién podía sospechar que el partido cuyo líder aseveraba en una entrevista que había que eliminar cualquier medio de comunicación privado iba a convertirse en una amenaza para la libertad de expresión?

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Machismo en el paddock

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Azafatas del paddock

El gobierno de Australia del Sur (provincia de Australia) prohibía, por sexista, las azafatas y “paragüeras” de los eventos ciclistas, y tal decisión política ha encendido un debate que llevaba años fraguándose; ¿es machista el trabajado de las azafatas y paragüeras del ciclismo o del motociclismo?, ¿es una prohibición legítima o razonable? ¿debería llegar a los grandes premios españoles?

El feminismo parece tenerlo claro; es un trabajo que cosifica a la mujer, que la reduce a un bonito objeto decorativo y, aún peor, es degradante y humillante. El feminismo actual, movimiento que se arroga la representación de la mujer, obvia sistemáticamente la opinión más importante del debate; la de las propias chicas que ejercen su oficio en los paddocks. Opiniones como la de Irene Gómez, que después de dieciséis años trabajando como azafata en las pistas, dice a las cámaras de La Sexta, con mucha ironía, que se acaba de enterar ahora de que la estaban cosificando.

Claro que muchas feministas podrían argumentar que, mujeres como Irene Gómez, están “alienadas” por la educación machista recibida. Una burda manera de incapacitar a todas las mujeres que contradigan los dogmas marcados y saquen los pies del tiesto. “No eres tú quien decide, sino la educación patriarcal que has recibido, por lo que yo decidiré lo que es bueno para ti, compañera”. Curioso que las mismas que tratan a las azafatas como víctimas de la trata de blancas, ejerciendo en el paddock en contra de su voluntad aunque ellas digan lo contrario (ya sabéis, alienada), sean las mismas que, muy frecuentemente, ponen el grito en el cielo cuando se debate la prohibición del hijab. Es decir, que mientras las azafatas están “forzadas” a ser “mujeres floreros” en el paddock, las mujeres musulmanas están libres de toda sospecha de imposición en su indumentaria.

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Curioso también de un movimiento que reivindica constantemente la figura femenina, y que defiende movimientos como el “body positive” (en el que mujeres con cuerpos que “no cumplen con los cánones estéticos habituales” se muestran, a menudo, desnudas o con escasa ropa), ponga el grito en el cielo ante la desnudez de la mujer cuando esta tiene medidas de 90-60-90. Es decir, la desnudez femenina se convierte en una “actitud positiva” y en un “grito de libertad” si la chica en cuestión tiene sobrepeso, pero “cosifica” a las mujeres y “perpetúa el machismo” si la chica en cuestión es atractiva.

Pero, ¿cuál es el fondo de este debate? No es otra cosa que la defensa de la libertad individual sobre la ficción que los liberticidas llaman “bien común” o “voluntad popular”. Debemos saber que no existe tal cosa como una “voluntad popular” en tanto que la sociedad está compuesta por individuos con intereses particulares. Pero, ni siquiera de existir, significaría necesariamente que son ellos los que han sabido interpretarla.

Es aquí donde apreciamos que el marxismo y sus derivados son tremendamente parecidos a la religión de la que ellos abominan. Donde la “voluntad popular” o el mismo concepto de “pueblo” es Dios, y ellos son la Iglesia; los únicos que están en comunión con él y saben interpretarlo. Así, si los antiguos cruzados decían aquello de “es la voluntad de Dios” o “Dios lo quiere”, la iglesia marxista dice “es la voluntad del pueblo”, “el pueblo lo quiere”.

@eltivipata

Terrorismo machista

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Las comparaciones son odiosas. Aún más cuando las dos cosas que examinamos para establecer relaciones son completamente distintas. Cuando expresé lo desafortunado de la comparación de Antonio Maestre –un tipo que, por lo general, no se caracteriza por su lucidez y sentido común- llegó a mí la habitual horda de trolls tuiteros que, como viene siendo habitual, entraban continuamente en contradicciones propias de quienes no reflexionan habitualmente y/o en profundidad. Veamos:

Si hacemos un primer análisis completamente aséptico del tweet de Antonio Maestre vemos que nos ofrece dos cifras similares de muertos y nos señala el tiempo que se tardó en alcanzarse una y otra. La primera, víctimas de lo que él define como “terrorismo machista” (866), desde 2003 (en los últimos catorce años, en el momento en que se publica el presente artículo). La segunda, víctimas del terrorismo de ETA (829), desde 1968 (en los cuarenta años de actividad de la banda).

¿Con qué fin presenta estas dos cifras análogas, acompañadas de los años que precisó alcanzarlas? Si su intención es expresar que las primeras (las víctimas de violencia de pareja) no tienen la misma “visibilidad” y consideración que las segundas (las de ETA) pese a que son más numerosas, es que da por hecho que, o bien las primeras deberían “visibilizarse” más o, tal vez, las segundas deberían dejar de estar “tan presentes” en los medios. Seamos bienintencionados y supongamos que lo que pide es lo primero (más atención hacia las víctimas de la violencia en pareja y no menos atención hacia las víctimas de ETA). Cabe preguntarse ahora, ¿es cierto que las víctimas de violencia en pareja no tienen “visibilidad” ni consideración en los medios?

Lo cierto es que la violencia hacia la mujer es, con mucho, la que mayor atención recibe de los medios, que informan de todos y cada uno de los casos, a veces, cometiendo graves errores de precipitación, como en el caso de la familia hallada muerta en Gibraltar en abril de 2015 (que se atribuyó al marido y que, una investigación posterior, reveló que fue la mujer quien asesinó a sus hijas y a su pareja, que murió tratando de defenderlas) o el caso del padre y su hija encontrados asesinados en Almonte en 2013 (se informó, inicialmente, que había sido un parricidio por venganza cuando, algún tiempo después, se condenó a un tercero por el asesinato de ambos). Y no sólo de los medios. La concienciación social es tal, que España se halla entre los países con menos víctimas en este tipo de violencia (3,6 asesinadas por millón frente a las aproximadamente 6 de la media europea, esto es, casi la mitad).

CARMEN MONTON

crimengibraltar

Seamos algo más suspicaces y supongamos que, además, en el tweet se critica la “sobre-atención” hacia las víctimas de ETA. No sería tan descabellado, porque la extrema izquierda denuncia continuamente una “utilización de las víctimas de ETA con fines políticos”, generalmente por parte de los partidos de la derecha española. Es curioso que sostengan que los derechistas usan a las víctimas de ETA con “fines políticos” pero los izquierdistas estén libres de toda sospecha de utilizar con los mismos abyectos fines a las víctimas de violencia de género. Y, además, no te atrevas siquiera a insinuarlo…

Imaginemos, además, que respondemos a Maestre siguiendo su mismo ejemplo, y publicamos un tweet así:

866 mujeres asesinadas en los últimos catorce años. 917 personas en general asesinadas en los últimos tres años”.

¿Creéis que el propio Maestre no se rasgaría las vestiduras y clamaría que “es inadmisible comparar unos casos y otros”?

@eltivipata

Cassandra Vera

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La izquierda ha encontrado a una nueva heroína para engrosar su particular y nefasto martirologio. En este caso se trata de una twittera murciana a la que la Audiencia Nacional ha condenado por trece polémicos tweets en el que se burlaba del atentado que acabó con Carrero Blanco. Diré (y volveré a decirlo a lo largo del artículo) que encuentro excesiva la condena, y que nadie debería ir a la cárcel por escribir tweets, independientemente del grado de repugnancia de los mismos. La libertad es algo valioso que exige razones más poderosas para que sea cercenada.

Ahora bien, aclaremos algunas imprecisiones que se han extendido por Twitter –lugar donde nació la polémica y donde más se ha discutido-. En primer lugar, no se ha condenado a Cassandra Vera por hacer chistes de Carrero Blanco en sí –en Twitter se han hecho chistes sobre Marta del Castillo, las niñas de Alcácer o Rita Barberá el mismo día de su muerte y no han acabado juzgándose en la Audiencia Nacional-, sino porque dicho tribunal ha juzgado que humillaban a las víctimas de terrorismo. Así, no se le ha condenado por otros tweets que, a mi juicio, son mucho más desagradables, como aquel en el que deseaba la muerte de Cristina Cifuentes cuando ésta se hallaba en la UCI después de un gravísimo accidente de moto, sino por los chistes donde se burlaba de una víctima de ETA. “Pero Carrero Blanco no era Miguel Ángel Blanco, precisamente”, dirán algunos. Pues, qué queréis que os diga, no haré -como hacen muchos- eso de decir que ETA era buena cuando asesinó a Carrero Blanco y mala cuando atentó contra la cafetería Rolando. ETA siempre fue mala, fuera cual fuese su víctima –sí, también cuando su víctima era otro etarra, como en el caso de Yoyes-.

En segundo lugar, el caso de Cassandra ha reavivado el eterno victimismo izquierdista. La persecución implacable que el sistema de estas democracias –más o menos- liberales les someten. Es falso que Cassandra Vera o César Strawberry hayan sido los únicos condenados por poner tweets repugnantes. Un tuitero ya fue condenado a dos años de cárcel por apología de la violencia machista –éste, a diferencia de Cassandra, sí que visitará Villa Candado-. Huelga decir que la izquierda que tanto defiende el “derecho a ofender” no se rasgó las vestiduras ni mostró apoyo al repugnante tuitero mencionado.

Así que, tan cierto es que la condena me parece excesiva, como falso que se le haya condenado por reírse de la dictadura franquista, o que exista ninguna persecución al “humor negro” de la izquierda tuitera, o que sólo se haya condenado a gente como Cassandra o Strawberry. Tampoco es cierto que los que la defiendan sean adalides del “derecho a ofender” cuando escracheaban e impedían ponencias de Rosa Díez o Felipe González en las universidades o apedreaban el autobús de HazteOír. Si queremos debatir, hagámoslo con honestidad intelectual.

@eltivipata

No hay nadie más tonto que un trabajador de derechas

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Te lo ha dicho tu amigo, o tu compañero de trabajo, o tu cuñado, sentado a la barra del bar. Lo dice con suma convicción. Con esa certeza que es impermeable a cualquier crítica. Para ellos es un hecho sabido y consabido que la izquierda representa y protege los intereses de los trabajadores, y que a la derecha sólo la votan los grandes empresarios, los caciques explotadores, los banqueros, los ricos… Y los tontos, claro. Porque de todas las clases de tontos, y los hay de muchos tipos, ninguno es tan tonto como el trabajador que vota a la derecha.

Es una máxima tan extendida que es posible que la hayas oído alguna vez. O más de una. Pero lo peor no es cuando lo dice tu amigo, o tu compañero de trabajo, o tu cuñado –al que ya conoces y sabes que es un inveterado imbécil-. Lo peor es cuando lo dice un líder político como Alberto Garzón –que es otro inveterado imbécil pero, a diferencia del anterior, éste goza de un salario inapropiado para alguien con sus capacidades y que, además, pagas tú. Porque sí, Alberto Garzón también se suma a esa máxima. No lo dice con esas palabras concretas, claro, pero no es difícil ver la misma idea bajo la sutileza de sus comentarios.

Concretamente, el líder de Izquierda Unida, ahora mascota de Pablo Iglesias, se quejaba de que los votantes de la izquierda se compone de gente con estudios medios o superiores y de clase media o media-alta, y que les cuesta atraer para sí el voto de los trabajadores humildes y parados, a los que, se supone, se dirige el discurso socialista. A este respecto aseguró que “la izquierda no puede pretender ir a la cola del INEM, usar un lenguaje tan académico como el que usamos porque no nos entienden.” Una idea que, además de falsa, rezuma un repugnante tufo de clasismo –paradójico de alguien que profesa una ideología que pretende abolir las clases sociales-.

En algo tiene razón. La izquierda suele reunir más a las personas con estudios superiores –que no, necesariamente, más inteligentes-. Son una infestación en la mayoría de las universidades. También a jóvenes estudiantes que aún no han entrado en el mundo laboral, gente de la docencia y, prácticamente, todos los artistas, actores y gente de la culturilla. Pero, ¿por qué no convencen a los trabajadores? Con que sólo tuviera la inteligencia justa para respirar y andar sin tropezarse, Garzón se daría cuenta de que faltar al respeto a la gente no es la mejor manera de captar votos. Si, además, tuviera la sapiencia suficiente para enumerar del uno al diez con menos de seis errores, podría hacer autocrítica más allá de aseverar que los trabajadores no le votan porque son idiotas y ellos, demasiado cultos. El problema para la izquierda no es que los trabajadores no sepan qué es la izquierda. El problema para la izquierda es, precisamente, que no son tan tontos como la izquierda quisiera.

Imaginemos a Paco, que se levanta cada día a las cinco de la madrugada para hacer el reparto. Le dices que lo que hay que hacer es aumentar hasta el infinito el gasto público para aumentar el tamaño de un Estado que no genera riqueza –y que, de hecho, se la quita-. Le dices que ese incremento del gasto público sólo lo va a sufragar los ricos, pero terminas subiendo el impuesto sobre las propiedades –y Paco tiene una-, sobre los planes de pensión privados –Paco, como el 18% de la población activa, tiene uno-, a las transacciones financieras –cosa que hacemos todos, y no sólo Amancio Ortega-, así como sucesiones y donaciones. Le dices que vas a subsidiar al que no produce nada –no creo que eso le sienta muy bien a un tipo que llega a casa después de doce horas en el camión-. Y si te quejas, todavía te llama insolidario. Subsidios a desempleados que, encima, son más cuando ellos mandan –el sur de Andalucía tiene tasas de paro superiores al 30%, sólo comparables a países tercermundistas-. Distribución de la riqueza –tu riqueza- que tiene como único propósito subsidiar y clientelizar a millones de personas para que dependan del Estado y así le mantengan confiscado sus votos elección tras elección. Sistema perverso y tan refinado, que termina manteniéndolo la propia víctima.

No, Alberto Garzón, no hay más tonto que un trabajador de izquierdas.

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La estiba, Franco, la División Azul y el hotel neoyorquino

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Puerto de Algecíras

Con los votos en contra de PSOE y Podemos (y la abstención de Ciudadanos), se tumbaba la necesaria e inaplazable reforma de la estiba. La izquierda se ha vuelto a posicionar contra los trabajadores, como es habitual desde sus más remotos orígenes, por más que cínicamente se arrogue su defensa. En este caso concreto, se ha opuesto frontalmente a la inmensa mayoría de los ciudadanos para proteger los privilegios de una reducida casta de apenas seis mil trabajadores, con sueldos y condiciones laborales que distan mucho, no ya de los sueldos y condiciones laborales del trabajador promedio de España, sino de países mucho más prósperos. Privilegios que, paradójicamente, vienen del ministro franquista Girón de Velasco, heredados estos de padres a hijos como de si de una genuina casta aristocrática se tratara.

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La izquierda ya no sólo defiende –en una disparatada carambola de la historia- los privilegios concedidos a los voluntarios de la División Azul que lucharon, codo con codo con el nacionalsocialismo, en la Segunda Guerra Mundial, sino que –como viene siendo paradójicamente frecuente-, defiende un sector que niega la entrada y participación de la mujer. Podemos vuelve a convertir el feminismo en una espantajada consistente en llevar brazaletes morados al Congreso al tiempo que ignora a las mujeres, anteponiendo sus intereses políticos o ideológicos particulares a sus legítimas demandas. Pero qué bien queda decir eso de “estar comprometidos con la igualdad”.

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¿Y quién sufre la indecencia de los partidos de los trabajadores? Los trabajadores, claro. No el sector ultra-minoritario de la estiba, por supuesto, sino la gran mayoría. Los que acarrearán con los 23 millones de euros que España acumula ya desde Bruselas por retrasar la liberalización de la estiba, más los 134.000 euros que se suman día tras día. Añadiendo los 18.000 empleos que podrían crearse y los 2.400 millones de euros al año en que se elevaría el PIB.

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El caso más paradigmático de todo este engrudo es el de las diputadas podemitas que se vieron importunadas por la votación de la reforma de la estiba, al hallarse en esos momentos en un hotel de Nueva York de 250 euros la noche. Al ser entrevistadas, manifestaron haber sufrido estrés al tener que coger de manera tan precipitada un vuelo –en business, claro- para votar –por supuesto- el mantenimiento de las prebendas de otra casta privilegiada.

@eltivipata

Otro déjà vu

 

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Miren Gaztañaga

Y otro déjà vu. Profesional del cine que, en un alarde de originalidad progre, insulta a su público potencial, que jura boicotear cualquier trabajo del susodicho –boicoteo por completo innecesario, teniendo en cuenta que hasta esta mañana, ni yo ni –probablemente- la mayoría, conocía la existencia misma de la cinta estrenada-. Ayer fue Fernando Trueba y hoy es Miren Gaztañaga. La actriz aparecía en un programa de “humor” de la televisión vasca llamando paletos y “culturalmente atrasados” a los españoles.

Se podría considerar un acto repugnante de supremacismo si no fuera porque viene de un pueblo cuya máxima aportación cultural a España y al mundo es un baile de saltitos, el levantamiento de piedras grandotas y cortes de pelo ofensivos para quien tenga un mínimo de sensibilidad estética. No te ofendas, lector, que estoy de coña. ¿Ves? Esto es humor. Lo del programa de ETB (en el que participa la susodicha) no es una crítica social, cultural o política a un país a través del humor. No hay parodia, chistes ni sketches. Sólo una sucesión de hintelestuales de la “kultura” vomitando bilis en un butacón. Un minuto de odio orwelliano.

Demasiado soberbios para tener una mancha negra en su historia más reciente, que debería avergonzarlos durante tres generaciones. Porque sí, es injusto decir que todos los vascos sean terroristas (máxime cuando gran parte de las víctimas de ETA fueron vascos, así como muchos de los amenazados, secuestrados, extorsionados por el “impuesto revolucionario” u obligados al exilio), pero también es innegable la responsabilidad que tiene el pueblo vasco en los años del plomo y la sangre. ¿Injusto? ¿Acaso no apelamos a la responsabilidad del pueblo alemán por los años de locura del nazismo?

Pero no me quiero poner lúgubre en este artículo. Miren Gaztañaga ha hablado exactamente igual como hablaría un imbécil, y sus defensores han salido con lo de “los españoles le dan la razón con sus burdos argumentos”. Como si los argumentos de la actriz para insultar a los españoles fuesen incontestables y tuviésemos que recurrir a Séneca para rebatirlos. Aunque ahora, cuando su película fracase (que lo hará), Miren siempre podrá argüir que fue por el boicot de los fachas reaccionarios, y no porque nadie sabía de su existencia ni la de su película, hasta que fue tendencia por imbécil.

@eltivipata